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Archive for the ‘Cine’ Category

curiouscase_bigUna película larga pero que no se hace interminable, romántica sin llegar a ser empalagosa y que cuida hasta el más mínimo detalle del guión, la ambientación y la caracterización de sus personajes no tiene otro posible resultado que el de cautivar al público y resultar un éxito. Trece nominaciones a los Oscar (entre ellas mejor película, mejor director y mejor actor principal, por no hablar del casi concedido de antemano al mejor maquillaje), avalan ya la calidad de ‘El curioso caso de Benjamin Button’, uno de esos films que te hacen levantarte de la butaca con buen sabor de boca y desear que, ‘Slumdog millionaire‘ mediante, se haga con la mayor cantidad posible de las merecidísimas estatuillas doradas. Y así será si la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de Hollywood juzga esta cinta de David Fincher con el mismo rasero que utilizó en 1994 para ‘Forrest Gump’, con la que, además de las ya citadas trece nominaciones, guarda una ingente cantidad de curiosas similitudes.

Y es que, como a menudo sucede en esto de la gran pantalla, no es oro todo lo que reluce. O, al menos, en este caso, se trata de oro de segunda mano, que no por haber lucido en posesión de otro dueño brilla menos en manos de su segundo propietario. ‘El curioso caso de Benjamin Button’ hereda de la película de Robert Zemeckis gran parte de los hitos argumentales que hicieron de ella una película de culto. Y no parece que se trate de una simple casualidad, como explica David Kronke en el blog The Mayor of Television:

Mientras veía el avance (de ‘El curioso caso de Benjamin Button‘), no pude evitar pensar que el guionista de ‘Forrest Gump’, Eric Roth, debería denunciar a los responsables del guión de la primera por el descarado plagio. Más tarde, aparecieron los créditos y descubrí que había sido escrita por… Eric Roth. Así que supongo que no tiene mucho sentido denunciarse a sí mismo.

El artículo completo en la sección Cine y Televisión de la revista Tinta Digital

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El spot publicitario con el que se ha dado a conocer la última película de la supermamá Angelina Jolie, Wanted, bien podrían ser un presagio de lo que nos depara esta cinta del desconocido director Timur Bekmambetov, que ha tenido la suerte de contar para la que podríamos bautizar como su opera prima con actores de la talla del oscarizado Morgan Freeman, el prometedor James McAvoy (el fauno de las Crónicas de Narnia) o multifacético Terence Stamp (el canciller Valorum en la saga Star Wars y el general Zod de Superman, para que os orientéis).

En el anuncio se destacaban las escenas más adrenalínicas y salvajes del film: Angelina Jolie adoptando glamourosas posturas imposibles para atravesar un túnel, un flamante deportivo rojo «atrapando» in extremis al protagonista al borde del desastre, persecuciones, tiroteos… Pero lo que verdaderamente llama la atención e incita a invertir el desorbitado precio de una entrada de cine en esta película es todo el tinglado del disparo con efecto, al que volveré más adelante. Una auténtica pasada, ¿o no?

En el anuncio se destacaban las escenas más adrenalínicas y salvajes del film: Angelina Jolie adoptando glamourosas posturas imposibles para atravesar un túnel, un flamante deportivo rojo «atrapando» in extremis al protagonista al borde del desastre, persecuciones, tiroteos… Pero lo que verdaderamente llama la atención e incita a invertir el desorbitado precio de una entrada de cine en esta película es todo el tinglado del disparo con efecto, al que volveré más adelante. Una auténtica pasada, ¿o no? Sobre todo para la gran mayoría de los que somos, al igual que Wesley A. Gibson (James McAvoy), tipos aburridos con vidas normales y monótonas de las que constantemente deseamos, pero no sabemos cómo, escapar.

[…]

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Pueden leer el artículo completo en Ven a verlo, el blog de cine de Generación.net

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The Sims 300x199Aunque su más inmediato sucesor, el darwiniano simulador de lucha por la supervivencia Spore, esté pugnando duramente por reemplazarlo en el siempre disputado pódium de la originalidad consolera, la archiconocida saga de Los Sims no piensa renunciar a su puesto de honor (o más bien a su balda de honor, porque son 9 ya sus expansiones) en nuestras estanterías sin dar batalla. ¿Quién no ha disfrutado como un enano tirando de los invisibles hilos de estas marionetas virtuales en alguna ocasión? ¿Quién no ha deseado poder pagar con simoleones la casa de sus sueños también en la vida real o utilizar el popular truco del “klapaucius” para hacer crecer dinero en los árboles?

Me complace anunciaros que los innumerables fanáticos de estos adorables muñequitos autistas estamos de enhorabuena. La razón es que Electronic Arts ha decidido vender a 20th Century Fox los derechos de su franquicia estrella para la elaboración de una película. Lo que no está tan claro es que la productora sea consciente del barrizal en el que se ha metido con este proyecto. Y es que el éxito de Los Sims y el principal aliciente sobre el que descansan sus 6.000.000 de ventas es la enorme libertad que daba al usuario para crear su propio guión. ¿Os imagináis cuál será su sensación cuando se sienten en la butaca el cine y se tengan que resignar a ver “cómo juegan otros”?

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El artículo completo lo he publicado en Ven a verlo, el blog de cine de Generación.net

¡Ah!, ¿que no os había dicho que he empezado a escribir allí? Pues ahora que ya lo sabéis espero que me sigas de vez en cuando 😉

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No me he podido resistir a hacer un post sobre esto. Resulta que el inclasificable Woody Allen ha estado escribiendo un diario de rodaje durante la filmación de su prometedora película “Vicky Cristina Barcelona”, en nuestro país. “Dear Spanish diary… Love, Woody Allen” (“Querido diario español… Con cariño, Woody”) es el nombre que el satírico y brillante director ha dado a su escrito, que para satisfacción de su horda de fans (entre los que me incluyo) ha publicado The New York Times.

Aquí tienen la traducción que, respetando escrupulosamente el tono humorístico y sarcástico del original, ha realizado Beatriz Maldivia para Blog de Cine:

2 de enero: He recibido una oferta para escribir y dirigir una película en Barcelona. Tengo que ser precavido. España es soleada y a mí me salen pecas fácilmente. Tampoco es que paguen muy bien, pero mi agente me ha conseguido un décimo de cada 1 por ciento de cualquier cosa que saque la película si se consiguen más de 400 millones de dólares después de recuperar la inversión.

No tengo ninguna idea para Barcelona salvo que funcione allí la historia de dos judíos de Nueva Jersey que lanzan una empresa de embalsamamientos por correo.
5 de marzo: Me he reunido con Penélope Cruz y Javier Bardem. Ella es arrebatadora y más sexual de lo que imaginaba. Durante la entrevista, mis pantalones se prendieron fuego. Bardem es uno de esos actores de genialidad desbordante que claramente necesitan mi mano dura.

2 de abril: Le he ofrecido un papel a Scarlett Johansson. Antes de aceptar, me dice que el guión debe ser aprobado por su agente y más adelante por su madre, con quien se lleva bien. Luego tendrá que aprobarlo el agente de su madre. En plena negociación, cambió de agentes… y después cambió de madres. Tiene talento, pero da mucho trabajo.

1 de junio: Llegué a Barcelona. El hotel es de primera Clase. Les han prometido media estrella para el año que viene siempre que instalen agua corriente.

5 de junio: El rodaje comenzó movidito. Rebecca Hall, aunque es joven y por primera vez tiene un papel importante, tiene peor humor de lo que yo había pensado e hizo que me prohibieran entrar en el plató. Traté de hacerle ver que el director tiene que estar presente para dirigir la película. Pero por mucho que lo intenté, no logré convencerla y tuve que disfrazarme de repartidor de comida para colarme en el escenario.

15 de junio: por fin el trabajo va por buen camino. He rodado una tórrida escena de amor entre Scarlett y Javier. Hace unos años hubiese interpretado yo su papel. Cuando se lo he dicho a Scarlett, ha soltado un enigmático “uh-huh”. Scarlett llegó tarde al set y le he regañado duramente…, explicándole que no tolero retrasos de mis actores. Ha escuchado con respeto, aunque me ha parecido ver que mientras yo hablaba, ella estaba encendiendo su iPod.

20 de junio: Barcelona es una ciudad maravillosa. Se agolpa la gente en las calles para vernos trabajar. Afortunadamente, se dan cuenta de que no tengo tiempo para firmar autógrafos y sólo se los piden a los actores. Más tarde repartí fotos en las que aparezco estrechando la mano de Spiro Agnew y me ofrecí a firmarlas, pero la multitud ya se había dispersado.

26 de junio: Rodamos en la obra maestra de Gaudí, La Sagrada Familia. Estaba pensando que tengo mucho en común con el gran arquitecto español. Los dos desafiamos lo convencional, él con sus diseños sobrecogedores y yo al ponerme un babero para comer langostas en la ducha.

30 de junio: Los “dailies” [visionado del material que se ha rodado cada día] tienen buena pinta y aunque la idea de Javier de rodar una escena completa de invasión marciana con cien extras disfrazados y elaborados platillos volantes no es demasiado buena, voy a rodarla para hacerle feliz y luego cortarla en la sala de montaje.

3 de julio: Scarlett ha venido hoy con una de esas preguntas que hacen los actores. “¿Cuál es mi motivación?”. He dado un respingo: “Tu sueldo”. Dijo que estaba de acuerdo, pero que necesitaba más cantidad de esa motivación para continuar. Como el triple. Si no, amenazaba con largarse. Pensé que era un farol y me largué yo antes. Y entonces se largó ella. Así que nos quedamos muy separados y tuve que gritar para que me oyese. Entonces amenazó con saltar. Y yo salté también. Pronto llegamos a un impasse. Y durante el impasse me fui con mis amigos y todos bebimos y, por supuesto, me endosaron la cuenta.

15 de julio: Otra vez he tenido que ayudar a Javier con las escenas de sexo. La secuencia requiere que él agarre a Penélope Cruz, le arranque la ropa y la viole en el dormitorio. Aunque ha ganado un Oscar, el tío necesita que le enseñe a interpretar pasión. Agarré a Penélope y le arranqué la ropa de un golpe. Pero el destino quiso que todavía no se hubiese puesto el vestuario y que fuese su propio vestido, carísimo, el que había destrozado. Impertérrito, la coloqué delante de la chimenea y me lancé sobre ella. Como es una pícara, se dio la vuelta una décima de segundo antes de que yo aterrizase e hizo que me rompiese un importante diente en el suelo de azulejos. Buen día de trabajo. Podré comer sólidos a partir de agosto.

30 de julio: los “dailies” tienen una pinta genial. No sé si será demasiado pronto para comenzar a hacer publicidad para los Oscar. De todas formas, unas cuantas notas para el discurso de recogida me pueden ahorrar tiempo más adelante.

3 de agosto: Supongo que son gajes del oficio. Como director, uno es en parte profesor, en parte psiquiatra y en parte figura paterna y gurú. No es de extrañar entonces que según avanzan los días Scarlett y Penélope se hayan ido colando por mí. La fragilidad del corazón femenino. Me di cuenta de que el pobre Javier miraba envidioso cómo las actrices me seducían con los ojos, pero le expliqué al chaval que se debería haber esperado el desbocado deseo femenino por una figura cinematográfica, especialmente una que tiene una mirada de desprecio y que se reafirma con frialdad. Mientras tanto, según me acerco al plató cada mañana después de bañarme y perfumarme, entre Scarlett y Penélope se alimenta el arrebato. No me gusta mezclar trabajo con placer, pero quizá tenga que saciar la lujuria de cada una de ellas para poder terminar la película. Puede que me sea posible concederle los miércoles y viernes a Penélope y así satisfacer a Scarlett los martes y los jueves. Como ir aparcando un día a cada lado de la calle. Eso me dejaría los lunes para Rebecca, a la que he parado justo a tiempo cuando se iba a tatuar mi nombre en el muslo. Tomaré una copa con las damas del reparto después de rodar y les indicaré estas reglas. Puede que funcione el viejo sistema de cupones de racionamiento.

10 de agosto: He dirigido a Javier en una escena emotiva. He tenido que leer yo sus frases para que supiese cómo decirlas. Si me imita, bien; pero en el momento en que intenta su propia interpretación, se pierde. Entonces solloza y se pregunta cómo sobrevivirá cuando ya no le dirija. Intento explicarle con educación, pero con firmeza que debe hacerlo lo mejor que pueda sin mí y que debe intentar recordar mis consejos. Sé que le he animado, porque según salía de su caravana, él y sus amigos se estaban descojonando.

20 de agosto: Por tenerlas contentas, hice el esfuerzo de hacer el amor con Scarlett y Penélope simultáneamente. El ménage me dio una gran idea para el clímax de la película. Rebecca no paraba de llamar a la puerta, así que al final la dejé entrar a ella también. Sin embargo, las camas españolas son demasiado pequeñas para cuatro personas, así que, cuando ella se unió, yo no paraba de caerme al suelo.

25 de agosto: Hoy acaba la producción. La fiesta de fin de rodaje, como siempre, es algo triste. Bailé una lenta con Scarlett. Le rompí un dedo del pie. No fue culpa mía. Cuando me echó hacia atrás, le pisé. Penélope y Javier están deseosos de trabajar conmigo otra vez. Les dije que si alguna vez se me ocurre un nuevo guión, trataría de buscarlos. Tomé una copa de despedida con Rebecca. Fue un momento sentimental. Se hizo una colecta entre todo el equipo técnico y artístico y con ello me compraron un boli. He decidido titular la película ‘Vicky Cristina Barcelona’. Los jefazos de la productora han visto los “dailies”. Parece que les encanta hasta el último fotograma y se rumorea que la podrían estrenar en una colonia de leprosos. Se está solo en la cumbre.

Vía: Blog de cine
Original: The New York Times

No creo que necesite comentarios por mi parte. Pura genialidad made in Woody. Espero que la película no nos defraude. Tiene todas las papeletas para convertirse en otro clásico más de la ya inconmensurable obra de este neoyorkino.

De momento, nos tendremos que conformar con el tráiler:

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Entras a la sala, te acomodas, aguantas la inevitable ración de anuncios previos al comienzo de “Escondidos en Brujas” y comienzas a escuchar los primeros compases de una de las magistralmente escogidas melodías que ambientan esta pequeña delicia cinematográfica. Poco más de hora y media más tarde, se levanta el embrujo que te ha mantenido pegado sin remedio a la butaca y experimentas la infrecuente sensación de no querer marcharte a casa, de seguir con ganas de más, de alegrarte profundamente de no haber elegido ver un film más palomitero como Hancock, e incluso sientes el impulso de aplaudir como en el teatro al elenco de actores (y, más aún, a Martin McDonagh, el padre de la criatura) aún cuando eres perfectamente consciente de que no te pueden oir y corres, muy por el contrario, el riesgo de parecer un tarado. Lo que ha sucedido desde que entraste para que al salir te embargue tal emoción no se puede describir con palabras: es la magia del cine de calidad.

Ray y Ken, dos sicarios irlandeses excelentemente interpretados por Colin Farrell y Brendan Gleeson, han recalado en la ciudad de Brujas, donde por mandato de su jefe (el deslenguado Harry Waters, papel que le sienta como anillo al dedo a Ralph Fiennes) tendrán que hacerse pasar por una pareja de turistas comunes y corrientes, a la espera de recibir nuevas órdenes. No parece una misión demasiado complicada de llevar a cabo en un lugar como el encantador paraje belga, repleto de monumentos y catedrales góticas que hacen de él casi como una de esas aldeas medievales de cuento de hadas. No obstante, al pobre de Ray le ennegrecen la visita los fantasmas de su fatal error – un desgraciado accidente durante su último encargo que les ha llevado a esconderse a la ciudad de Brujas – su afición al alcohol y a las drogas, una preciosa actriz belga que conoce durante su primer día en la zona y su incapacidad demostrada para mantenerse alejado de los líos.

La verdad es que a uno le dan ganas de hacer un tour turístico por Bélgica para comprobar si el encanto de la ciudad de Brujas y sus anchos canales es real o es un producto de la película. Aunque bien es verdad que Ray pone todo su esfuerzo en quitarnos esa idea de la mente:

Ken: ¿Subimos? (en referencia a un campanario)
Ray: ¿Qué hay allá arriba?
Ken: Las vistas.
Ray: ¿Vistas de qué? ¿Vistas de la ciudad? Puedo ver la ciudad desde aquí abajo.
Ken: Ray, eres probablente el peor turista del mundo entero.
Ray: Ken, crecí en Dublín. Me encanta Dublin. Si yo hubiera crecido en una granja, y fuera retrasado, Brujas podría impresionarme, pero no lo hice, así que no me impresiona.

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Ray: Bien, ¿y qué pasa si no llama en dos semanas?
Ken: Entonces estaremos aquí dos semanas.
Ray: ¿Dos semanas? ¿En la puta Brujas? ¿En un cuarto como este? ¿Contigo? Ni de coña.

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Ray: Probablemente en eso consiste el infierno. Una eternidad entera viviendo en la puta Brujas. (Maybe that’s what ‘ell is, an entire eternity spent in fucking Bruges)

La trama se enreda cuando Ken recibe la esperada llamada de Harry, encomendándole una nueva y desagradable misión que, moralmente, se ve incapaz de cumplir: hacer que su compañero pague con la muerte las fatídicas consecuencias de su pasada equivocación. A pesar de sus reticencias y sus diatribas éticas, el bueno de Ken pone toda su voluntad y empeño en no romper su buena relación con el jefe, e intenta finiquitar la labor que le ha sido encomendada. Sucede en una de las mejores escenas de la película, donde finalmente es la suerte (o el destino) quien impide que la vida de Ray termine antes de tiempo.

La evolución psicológica de los personajes a partir de ese momento está muy conseguida y, dentro del surrealismo de algunas de las situaciones que se presentan, resulta perfectamente coherente. Los toques de humor los pone un actor enano (o “menudo”, como prefiere ser llamado el pequeño Jimmy), cuyo exacerbado racismo llega hasta el punto de predecir una futura guerra mundial entre blancos y negros, en la cual ni pakistaníes ni vietnamitas tendrían derecho a estar en su mismo bando y quedarían relegados al de la gente de color. Como ven, la cinta mantiene en todo momento un toque irónico barriobajero que sintoniza muy bien con la onda de los personajes, muy alejados de los matones hollywoodienses al uso.

A modo de anécdota, son ni más ni menos que 126 las veces que, durante los 107 minutos de película, se dice la palabra “fuck” o alguno de sus derivados, lo que nos deja un promedio de 1,18 “fucks” por minuto. Y todo ello sin resultar algo grosero o excesivamente chabacano. Y es que la baza de el humor ácido se juega con inteligencia en la mayor parte de las conversaciones, arrancándonos más de una carcajada con gags como los siguientes:

Ken: Tu novia es muy guapa.
Jimmy: No es mi novia. Es una prostituta que acabo de coger.
Ken: No sabía que hubiese prostitutas en Brujas.
Jimmy: Simplemente tienes que buscar en los lugares adecuados… burdeles, por ejemplo.
Ken: Bien, pues has cogido una prostituta muy guapa.
Jimmy: Gracias.

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Ray: Una cerveza gay para mi amigo gay y una cerveza normal para mí porque yo soy normal.

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Ray: ¡Amsterdam! Amsterdam está lleno de prostitutas chupasangres, ¿no?
Denise (la puta de Jimmy): Sí, por eso me vine a Brujas. Supuse que aquí pagarían más dinero por mi coñito.
Ray: ¿Qué?
[silencio]
Ray: Vosotros dos sois raros.

El final de la película, en el que Harry acaba cometiendo el mismo error que Ray con consecuencias aún más trágicas, es de una ironía y una brillantez dignas del Óscar del que McDonagh ya fue merecedor por su cortometraje ‘Six Shooter’, que está a su disposición en el portal Youtube.

Un último apunte. No sé si será cosa mía, pero en todo momento me da la impresión de que la impecable actuación de Colin Farrell en esta película tiene grandes reminiscencias a su papel en la obra de Woody Allen, “El sueño de Cassandra” (su última creación hasta que el 19 de septiembre se estrene su nuevo trabajo, con Javier Bardem, Penélope Cruz y Scarlett Johansson), donde también se enfrentaba a problemas de conciencia por un asesinato que nunca debió perpetrar y donde las consecuencias del error cometido le llevaban a atravesar una experiencia traumática similar a la que se puede ver en “Escondidos en Brujas”. Pero, ya les digo, tal vez es sólo una apreciación mía y, además, eso no empaña en absoluto una interpretación absolutamente brillante, que consigue humanizar al personaje y hacerlo simpático ante el espectador desde los primeros fotogramas.

Como aperitivo, les dejo con el tráiler:

Otros comentaristas también se han pronunciado, probablemente en muchos de los casos con más acierto que un servidor, sobre este film. Si bien es cierto que no a todos ellos les ha gustado tanto como a mí:

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Hoy he podido ver dos de los filmes nominados para el Óscar a la mejor película (que si no se está decidiendo mientras escribo, pues son las 2 de la madrugada, poco le debe faltar), de los cuales he sacado conclusiones e impresiones dispares: Sweeney Todd, la nueva película-musical de Tim Burton, y Juno, una producción nacida como independiente (de hecho ha sido merecedora del premio Spirit, considerado el Óscar de las pelis “indie”) que se ha convertido en un auténtico taquillazo.

A falta de American Gángster entre las nominadas y con la durísima competencia de No Country For Old Man y There Will Be Blood (mucha menor valoración otorgo a Michael Clayton y Expiación), tanto la obra de Burton como la pseudo-comedia que protagoniza la joven promesa Ellen Page me han parecido candidatas bastante dignas a la preciada estatuilla.

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Sin otro criterio que el de preferencia personal, dejaré de momento a un lado Juno y voy a a centrarme en Sweeney Todd: El diabólico barbero de la Calle Fleet, una película que atesora errores y aciertos en una proporción afortunadamente favorable a estos últimos. En primer lugar, contraviniendo la opinión de algunos blogs especializados y acordando con otros, diré que el formato musical me ha parecido todo un acierto por parte de Burton.

Es verdad que las canciones eclipsan por completo los diálogos, es cierto también que algunas se repiten con demasiada insistencia (podemos acabar hastiados del “I`ll steal you, Johanna”) y no negaré que su calidad dista mucho de alcanzar la de los temas de la banda sonora de otros de sus filmes (sin ir más lejos, Charlie y la Fábrica de Chocolate y, aún más claramente, La novia cadáver). Se nota la ausencia de Danny Elfman.

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No obstante, para mí la clave de una película de Burton no está en el apartado musical. Ni siquiera está en el guión, la trama o el argumento (por detras de los de predecesoras como Sleepy Hollow o Eduardo Manostijeras), lleno de tópicos y de giros predecibles e incluso de escenas que me decepcionan, como aquella en la que perdona la vida a su amada hija de pura casualidad.

La clave de las obas del maestro Burton está, pues, en la ambientación, en la puesta en escena. Los decorados, la iluminación, el maquillaje, el vestuario, los planos escogidos: todo contribuye a crear esa atmósfera tan característica del universo Burton, que no falta en Sweeney Todd. Es algo que yo defino como “terror para niños”, una suerte de películas gore, oscuras y hasta góticas que, no obstante, tienen ese puntito naïf que las hace tan atractivas.

No hay más que ver las escenas en que la señorita Lovett se imagina cómo sería su vida al lado de Todd. Escenas de campo, playa, paisajes románticos, una boda en una apartada y solitaria capilla… Todas ellas escenas idílicas, utópicas, de sueños; que no obstante aparecen cubiertas por ese velo burtoniano de misterio que empalidece las luces, ensombrece los rostros y hace que los personajes lleguen a lo grotesco y el absurdo (impagables los trajes de baño de los protagonistas) sin resultar ni por un momento ridículos o ñoños.

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Lo formal supera al contenido hasta el punto de convertirlo en accesorio. El espectador no necesita una historia convinecente, se conforma con guiños y pinceladas de ese humor negro tan propio de Burton. Muestra evidente es la canción que los protagonistas entonan en el momento en que deciden utilizar cadáveres humanos como sustitutivo de la encarecida carne de animal para las empanadas de la señorita Lovett. O también las intervenciones del irreverente e histriónico Sacha Baron Cohen, que cuenta en la película con un papel a medida.

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Todo esto va conformado el cóctel que hace de Sweeney Todd una obra maestra, y eso que todavía ni siquiera he mencionado el reparto. El film cuenta, de hecho, con un elenco de excepción. Johnny Deep vuelve a demostrar que es un actor brutal, polifácetico y capaz de sacar adelante todo tipo de personajes y situaciones. Como el diabólico barbero Sweeney Todd, Deep pasa sin histrionismos del humor al laconismo, de la socarronería a la histeria, de la frialdad al desconcierto. Y el resto del reparto no se queda atrás, pues encontramos interpretaciones y voces técnicamente impecables que acompañan excepcionalmente el magistral producto de la alianza Burton-Deep que tan buenos frutos está cosechando.

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Y para concluir este post, una pequeña quiniela antes de haber consultado los resultados:

– Mejor película: No Country For Old Men

– Mejor actor: Johnny Deep

– Mejor actor de reparto: Javier Bardem

En las demás categorías prefiero no mojarme, aunque debo decir que Ellen Page me parece toda una promesa de Hollywood.

A estas horas (las 2:30 de la madrugada), probablemente, la suerte estará ya echada. And the winner is…

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