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Archive for 27 febrero 2008

Fantástico compendio de anuncios publicitarios emitidos entre los años 57 y 67, cuando los anunciantes descubrieron el potencial persuasivo del medio televisivo para promocionar sus productos.

Son 1o partes de un documental que ha sido dividido por la uploader para poder subirlo a Youtube:

Y aquí dejo también otro vídeo de la publicidad de los años 80, los primeros tiempos de la democracia, marcados culturalmente por el sello de la Movida Madrileña:

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El controvertido tema del intercambio de archivos a través de Internet, las descargas ilegales, la propiedad intelectual y los derechos de autor, ocupa a menudo un lugar de excepción en la prensa actual. En nuestro país, concretamente, vivimos hoy en día un proceso de incorporación de grandes cantidades de información y noticias acerca de este tema a la agenda de los medios. Como podrán comprobar en el informe que presento al final de este artículo, esto se debe a dos factores: la institucionalización de nuevas fuentes de información y la irrupción del fenómeno en la agenda política, con su consiguiente salto al espectro mediático.

Varios son los errores cometidos por los medios de comunicación y los periodistas en el tratamiento de las noticias. Cuando el debate acerca del intercambio de archivos a través de Internet y la discusión acerca de su legalidad subieron a la palestra, fueron las entidades de gestión de los derechos de auotor (como SGAE) quienes enseguida tomaron las riendas de la información, autoproclamándose las únicas fuentes legítimas para los medios. Estos, poco versados en las nuevas tecnologías que posibilitan el intercambio (redes P2P, servidores de Internet, etc.) y menos aún en la rama del derecho que constituye su marco legal, aceptaron sin preámbulos la fiabilidad de las gestoras como fuentes únicas.

Espero que esta pequeña introducción les anime a leer el informe. Se trata de un modesto trabajo de investigación de 23 páginas que entregué como proyecto final en la asignatura de Fundamentos de la Información Periodística en la universidad. Espero que puedan hacerse una idea del gran problema de criminalización que han sufrido (y aún sufren, aunque cada vez menos) los internautas por parte de las gestoras y con la connivencia, generalmente implícita, de los medios de comunicación.

Aquí lo tienen:

Piratería y derechos de autor en los medios de comunicación

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A las nueve de la noche de ayer, veinticinco de febrero del año IV de la era ZP, sentado cómodamente en el sillón, pertrechado con un par de coca-colas para paliar el sopor que deparaba el gran acontecimiento de la noche, me encontraba yo, cuaderno en ristre, presto a recoger mis propias impresiones del duelo de tontunas (perdón, quise decir de titanes…) que a punto estaba de cambiar de modo radical el sentido rotativo del planeta y la alineción de los astros del universo.

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¿Suena a chiste, verdad? A mí también me lo parece. Lo que no entiendo es porque no sucede lo mismo cuando quienes lanzan afirmaciones equivalentes son periodistas reputados y fiables como Lorenzo Milá, Campo Vidal, Matías Prats o Iñaki Gabilondo. Será que el efecto latente aún no ha comenzado a tender su influjo, pero sorprendentemente nadie ha criticado (y miren que han salido crónicas y reportajes sobre el debate) que las colosales expectativas puestas por los medios de comunicación y una gran parte de la sociedad en el debate se hayan esfumado como castillos en el aire.

Ni el debate ha trastocado apreciablemente la intención de voto de los españoles, ni la democracia se ha visto reforzada por el regreso de los cara a cara (más bien al contrario: se ha visto debilitada por el estímulo que aportan al bipartidismo), ni el electorado conoce mejor ahora los programas concretos de cada partido, ya que escasas fueron las situaciones en que se aludió a propuestas de futuro.

Lo cierto es que el debate sólo sirvió para reforzar a ambos candidatos de cara a sus propios votantes y para dejar un doble sabor de boca:

  • Parafraseando a Unamuno, Zapatero vence, pero no convence. Su ventaja en los sondeos se debe al rechazo que los votantes nacionalistas y de IU sienten hacia Mariano Rajoy.
  • Rajoy salva la papeleta de Pizarro. Aunque la victoria que le atribuyen sus confraternizantes sea harto dudosa, lo que no se puede discutir es que el candidato del PP a la presidencia del gobierno realizó una labor sustancialmente mejor que la de su segundo de abordo.

Lejos de quedar el asunto en estas dos posibles simplificaciones, las intervenciones dieron mucho más de sí. Desafortunadamente no por su contenido (predecible y demagogo en la mayoría de los casos), sino por la forma, por lo que elegir unos temas u otros representa de cara a conformar la imagen de campaña de los candidatos.

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  1. Introducción de los candidatos: (turno de inicio)

La de Rajoy, en su línea habitual de campaña, se puede resumir con el siguiente vídeo

y se plasmó en la introducción con expresiones como “apretarse y mucho el cinturón”, “estamos a la cola de Europa” o, la más polémica de todas, “importamos delincuentes organizados en bandas muy violentas” (más tarde, como veremos, retomaría el líder de la oposición esta hipócrita preocupación por la salud moral de nuestros inmigrantes). En conclusión, según Mariano Rajoy, hasta el momento de la llegada de Zapatero al poder “ningún gobernante ha sembrado tanta cizaña” y el panorama crítico actual de España “no lo puede remediar quien lo ha causado”.

Zapatero, por su parte, trató de inspirar confianza a los ciudadanos, de imprimir esperanza en su discurso y tildar así de forma indirecta el de su oponente de extremado, oportunista y catastrofista. Con la vista puesta en ello, el líder socialista hizo un repaso de los principales éxitos – la mayoría de ellos en política social – de su legislatura: creación de tres millones de empleos (la mitad de los cuales ocupados por mujeres), el mayor aumento de las pensiones de toda la democracia, la ley de igualdad, la ley de dependencia, la paz social alcanzada en “el periodo de menos huelgas de la democracia”, etc.

Se trataba, en definitiva, de pintar la imagen de una España “próspera y decente”, cómodamente instalada como la “octava potencia económica del mundo”, a pesar de las trabas y deslealtades del principal partido de la oposición, que en los últimos cuatro años “se ha movido entre la mentira y la exageración” y “no ha dudado en utilizar el terrorismo con fines partidistas”. La pregunta que lanzó Zapatero a los televidentes fue contundente: “¿Diálogo o confrontación?”.

2. Economía y empleo:

Rajoy apuesta, en una clara maniobra de populismo de mercadillo, por centrar su discurso en los problemas del día a día de las economías domésticas, “lo que de verdad importa a los ciudadanos”. El líder del PP no se cansó de repetir a su contendiente que dejará de aportar “cifras macroeconómicas que nadie entiende”, huyendo de cualquier terreno de debate distinto al de la microeconomía que Zapatero tratase de abrir (especialmente de las alusiones al enfrentamiento previo entre Pedro Solbes y Manuel Pizarro, que se saldó con una victoria, al menos mediática, del vicepresidente económico del gobierno).

Las claves del discurso económico de Rajoy se resumen en unas pocas ideas sencillas que repitió hasta la extenuación, a pesar de lo cual (o por culpa de lo cual, según se mire) no logró hacer valer sus cifras frente a los datos con que pacientemente lo rebatió Zapatero.

Entre sus argumentos se contaron la subida descontrolada de los precios de los productos de primera necesidad, el aumento de los tipos de interés de las hipotecas, el aumento del desempleo con 300.000 parados más y la dificultad para obtener financiación exterior.

Por su parte, donde Rajoy dice ver claramente una crisis, Zapatero habla de un proceso de “desaceleración”. Proceso que además no es responsabilidad del gobierno, porque para empezar ni siquiera es un problema exclusivo de nuestro país, sino una lacra compartida por la mayoría de naciones del occidente civilizado, producto de la crisis de la construcción y de la indiscriminada alza de los precios del petróleo.

No obstante, la más demoledora de las réplicas del actual presidente del gobierno llegó en uno de los terrenos favoritos de Mariano Rajoy: el paro. Como explicó Rodríguez Zapatero – y cualquier persona con dos dedos de frente y un mínimo de sentido común debería estar de acuerdo con él al menos en este punto -, un aumento del paro es inevitable toda vez que por el crecimiento demográfico de un país la población aumenta. Y añado algo más: la gran mayoría de los nuevos desempleados (300.000 de acuerdo con la cifra que manejaba el PP) no son sino estudiantes que se apuntan al INEM para beneficiarse de las ofertas de formación que este instituto ofrece a las personas en busca de empleo.

Y para concluir con el análisis del bloque de economía y empleo, creo que Zapatero acierta al increpar a Rajoy haciendo ver que ” no se ha preocupado por la economía en sus discursos en cuatro años”, por lo que el suyo es un interés oportunista de cara a las elecciones. Es evidente que, muy por el contrario, su argumento recurrente a lo largo de los cuatro años de gobierno socialista ha sido el terrorismo. Es más, durante la última legislatura “el PP ha hecho oposición sólo con ETA”, como se encargó de señalar Zapatero en el debate.

En conclusión, el presidente dejó claro que Mariano Rajoy “no es creíble para representar a la gente de la calle”, que su partido ha superado todos los retos que el PP exigía al principio de la legislatura (crecimiento del 3%, creación de dos millones de empleos, etc.) y que con una España socialista “a pesar de la desaceleración seguiremos creciendo”.

2. Política social:

Entramos en la que mi opinión fue la parte menos interesante del debate. Asistimos a un intercambio de monólogos sobre los temas más convenientes para cada partido (inmigración por parte del PP y educación e igualdad por la del PSOE), sin que en ningún momento se presenten propuestas ni planes para el futuro.

Parece que Rajoy pensara que más allá del control de la inmigración ilegal está todo hecho (incluso habría que deshacer parte del camino andado) y que Zapatero se sintiera tan respaldado por medidas como la ley de igualdad o la ley de dependencia que ya no necesitara ampliar más los derechos sociales en próximas legislaturas.

Tanto uno como el otro supieron ver la falta de argumentos de su adversario. Zapatero constató que Rajoy “no tiene propuestas más allá de inmigración” y que los miembros de la oposición “no apoyaron las leyes relacionadas con medidas sociales y derechos” de la última legislatura. Su conclusión es que en el PP “desde hace treinta años no han movido un dedo para que los españoles tengan más derechos”.

Rajoy, por su parte, se pone a la defensiva en un tema que es supuestamente la especialidad de los socialistas y recurre a argumentos débiles y poco creíbles como el afirmar que Zapatero “ha mentido a las viudas”, que “no ha dotado económicamente la ley de dependencia” o recurrir al polémico Informe Pisa como si fuera un dato objetivo para valorar la política educativa de un gobierno.

Zapatero se guardó para el final su contrarréplica al buque insignia de Rajoy en este bloque del debate, la inmigración. Recordó a Rajoy que cuando llegó al gobierno eran 1.000.000 los inmigrantes sin papeles que se habían colado en la legislatura de Aznar, que el gobierno socialista ha invertido doscientos millones para la integración de los inmigrantes, que las medidas que el PP propone son innecesarias porque las sanciones ya se contemplan en el Código Penal y que en su día Mariano Rajoy “regularizó inmigrantes con un bonobús”.

Los inmigrantes, sostuvo el candidato de izquierdas, donan órganos, han fallecido en atentados terroristas y en operaciones militares.

“¿Hay que hacerles que firmen un papel de delincuente potencial a esas personas que a veces mueren por nosotros?”

3. Política exterior y de seguridad:

Desde su primer turno de intervención, Rajoy se abalanzó a por el tema en el que se siente más a gusto: el terrorismo vasco. Entre otras cosas, el candidato de derechas acusó al gobierno de romper el pacto antiterrorista, de negociar con ETA cuestiones políticas y de hacerlo incluso después de que la tregua se rompiese tras el atentado de la T-4. Y lo más polémico de todo, sostuvo que ETA no mataba cuando Zapatero llegó al gobierno.

La réplica del socialista no se hizo esperar, aunque cometió el error de rebajarse a la misma clase de demagogia que el PP (utilizar el terrorismo como argumento electoralista) al preguntar “¿cómo es posible que ETA estuviera acabada cuando ustedes le atribuían el 11-M?”.

Zapatero contó que, cuando él tomó las riendas del gobierno, España venía de una legislatura con muchas víctimas del terrorismo y que su primer objetivo era reducir esas cifras. Así justificaba la fracasada tregua pactada con ETA, de cuya ruptura lamentó “no haber podido evitar las cuatro víctimas mortales” que se produjeron en Barajas.

A pesar de los argumentos de Zapatero, el candidato por el PP no se arredró y pasó una vez más al ataque esgrimiendo el argumento de la cuestión terrorista vasca. A las acusaciones del socialista de haber llevado a cabo una oposición que no apoyaba al gobierno en la lucha antiterrorista, Rajoy respondió con una demoledora pregunta:

¿Cuándo había que apoyarle a usted? ¿A qué Zapatero hay que apoyar? ¿Al que dice hace 3 años que el PCTV es legal o al que ahora porque hay elecciones y por oportunismo quiere ilegalizarlo? ¿Al que dice hace un año que ANV es legal o al que un año después, cuando hay elecciones, por puro oportunismo quiere ilegalizarlo? ¿Al Zapatero que deja pasear a de Juana Chaos por la calle o al que luego le mete en la cárcel porque le conviene? ¿Al que dice que Otegi es un hombre de paz o al que mete a Otegi en la cárcel? ¿Al que dice “no voy a hablar de política con ETA” o al Zapatero que dice ‘hablamos de política con ETA’?

[…]

Usted ha mentido, ha engañado a todos los españoles, ha negociado políticamente con ETA, ha puesto en tela de juicio el Estado de Derecho, ha jugado con la ley, ha cedido ante los terroristas y ha aceptado el chantaje.

Finalmente, cayendo de nuevo en el error de recurrir al pasado, Zapatero contestó aludiendo a las mentiras auspiciadas por el PP y la derecha mediática tras el 11-m:

Quienes mintieron fueron ustedes con el atentado terrorista del 11-M. No sólo mintieron, sino que estuvieron toda la primera fase de la legislatura intentado crear una conspiración, una fabulación indigna e inmoral sobre lo que había representado aquel atentado porque no asumieron el resultado electoral.

Tras el predecible y tenso paso por el tema del terror, ambos candidatos llevaron su discurso (con paradas de mayor o menor longitud en la seguridad interior) a la política exterior española. Y que mejor forma de ilustrarlo que recurriendo una vez más a la cita textual de los contendientes. El primero en sacar el tema fue el presidente Zapatero:

¿Cuál fue su política exterior? Al sur, Perejil. Al norte, unas malísimas relaciones con Francia. En América Latina, se dedicaron a reclutar soldados para la guerra de Bush en Irak. Y lo que se recuerda de su política exterior es la foto de las Azores. Ahora han cambiado las cosas: tenemos buenas relaciones con el sur, con Marruecos, con todos los países europeos, algunos de ellos han puesto a Felipe González al frente del Grupo de Reflexión para diseñar la Europa del futuro. En América Latina hemos duplicado la ayuda y la cooperación al desarrollo para luchar contra la pobreza.

Desde luego, ahora hay un país en el mundo que defiende la paz, la cooperación internacional, a diferencia de su periodo, que fue defender las guerras ilegales, estar sometido al presidente Bush y congelar, porque no subieron nada, los recursos al desarrollo, a la cooperación en la lucha contra la pobreza y la miseria.

Rajoy fue breve en su réplica, pero incisivo:

Y en política exterior. Yo me llevo bien con Sarkozy y usted Chávez y Castro. Ese es el resumen de su política exterior.

Y fue Zapatero el que puso la puntilla, apelando a su talante democrático y – algo que a Rajoy provocó cierta hilaridad – incluso a su patriotismo:

Ahora que me cita a Chávez, le voy a decir que ésas son las diferencias entre dos proyectos. Ustedes están denigrando al Gobierno de España en el extranjero; y yo en la cumbre de Chile defendí al señor Aznar de los ataques que le lanzaba el señor Chávez. Como patriota lo hice, con respeto democrático.

Creo que no es temerario afirmar que este bloque fue el más tenso del debate, tal vez porque el Partido Popular se ha pasado toda la legislatura – y, desde luego, toda la campaña – insistiendo en los mismos reproches sin que los socialistas puedieran rebatirlos cara a cara.

4. Política institucional:

He aquí la oportunidad para Rajoy de sacar a debate otro de los arietes pesados de su oposición al gobierno y de su campaña: el nacionalismo, el mito ya extensamente difundido entre la derecha mediática y su respaldo social de que España se está rompiendo.

Precisamente de difundir dicha falacia acusó Zapatero a su contendiente, que se defendió sacando a la luz declaraciones de Felipe González, Joaquín Almunia y Alfonso Guerra en las que, según Rajoy, estos reconocidos militantes y ex líderes del PSOE sostenían sus mismos augurios de desintegración territorial. Augurios que se verían confirmados, a juicio del líder de la oposición, por el hecho de que fuerzas políticas tanto del País Vasco como de Cataluña hayan anunciado sendos referéndums de autodeterminación para sus comunidades autónomas.

La defensa de Zapatero consistió en dejar patentes las incoherencias del Partido Popular, que apoyó en el Estatuto de Andalucía cláusulas de contenido idéntico al que transmitían otras que rechazaron en el Estatut de Catalunya, por ser esta última una comunidad autónoma donde sus intereses se ven claramente reducidos por la merecida reputación anticatalanista del PP y sus escasos apoyos sociales.

Dejando al lado el manido tema del nacionalismo (que no obstante dejó otras perlas como el momento en el que Zapatero negó conocer o haber suscrito el pacto del Tinell), el segundo tema relevante que se abordó en este bloque fue el de la política de aguas, en el que Mariano Rajoy no se mostró excesivamente desahogado, valga el chascarrillo. De hecho, eludió la pregunta de su adversario acerca de si llevará a cabo o no el polémico trasvase del Ebro. Los comentaristas más malpensados han coincidido en juzgar que “quien calla, otorga”.

El resto del debate se movió entre consignas de campaña lanzadas al vuelo y apelaciones a la emotividad de los televidentes, que tuvieron su mayor cima en el discurso (casi a modo de fábula, con su moraleja y todo) con el que Mariano Rajoy concluyó su participación en el debate.

  • LO PEOR DEL DEBATE:

– Rajoy acusa a Zapatero de agredir a las víctimas del terrorismo. El socialista, visiblemente indignado, interrumpe el turno de Rajoy para exigir una rectificación que no se produce. El moderador, Manuel Campo Vidal, actúa con excesiva benevolencia y no pide a Rajoy que retire las acusaciones.

– Los candidatos discuten, con palabras llenas de demagogia en ambos casos, la cuestión de los artistas y los investigadores españoles y la muy emparejada polémica del cánon digital. Lo positivo: Zapatero hizo el guiño prometido al “Follonero”, ganándose su voto y probablemente la simpatía de los espectadores de La Sexta.

  • LO MEJOR DEL DEBATE:

– Zapatero alude a unas declaraciones de Aznar en las que el ex presidente del gobierno, de forma antidemocrática e inmoral, califica a ETA de “Movimiento de Liberación Nacional”, lo que implicaría considerarla no como un grupo terrorista, sino como un movimiento, que por ser de liberación demande la existencia de alguien que sojuzga (el Estado español, presupongo) y por ser nacional haga referencia a una hipotética condición de Nación del País Vasco.

– El pasaje ya comentado en el que los contertulios se enzarzaron en una diatriba sobre política exterior en la que salieron nombres como Chávez, Castro, Sarkozy, Merkel, etc. Al final me quedo con que Zapatero demuestra a Rajoy que su España está mejor vista en el extranjero de lo que lo estuvo nunca la España derechista de Aznar, que sólo contó con la confraternidad de sus aliados del vergonzante pacto de las Azores.

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Hoy he podido ver dos de los filmes nominados para el Óscar a la mejor película (que si no se está decidiendo mientras escribo, pues son las 2 de la madrugada, poco le debe faltar), de los cuales he sacado conclusiones e impresiones dispares: Sweeney Todd, la nueva película-musical de Tim Burton, y Juno, una producción nacida como independiente (de hecho ha sido merecedora del premio Spirit, considerado el Óscar de las pelis “indie”) que se ha convertido en un auténtico taquillazo.

A falta de American Gángster entre las nominadas y con la durísima competencia de No Country For Old Man y There Will Be Blood (mucha menor valoración otorgo a Michael Clayton y Expiación), tanto la obra de Burton como la pseudo-comedia que protagoniza la joven promesa Ellen Page me han parecido candidatas bastante dignas a la preciada estatuilla.

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Sin otro criterio que el de preferencia personal, dejaré de momento a un lado Juno y voy a a centrarme en Sweeney Todd: El diabólico barbero de la Calle Fleet, una película que atesora errores y aciertos en una proporción afortunadamente favorable a estos últimos. En primer lugar, contraviniendo la opinión de algunos blogs especializados y acordando con otros, diré que el formato musical me ha parecido todo un acierto por parte de Burton.

Es verdad que las canciones eclipsan por completo los diálogos, es cierto también que algunas se repiten con demasiada insistencia (podemos acabar hastiados del “I`ll steal you, Johanna”) y no negaré que su calidad dista mucho de alcanzar la de los temas de la banda sonora de otros de sus filmes (sin ir más lejos, Charlie y la Fábrica de Chocolate y, aún más claramente, La novia cadáver). Se nota la ausencia de Danny Elfman.

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No obstante, para mí la clave de una película de Burton no está en el apartado musical. Ni siquiera está en el guión, la trama o el argumento (por detras de los de predecesoras como Sleepy Hollow o Eduardo Manostijeras), lleno de tópicos y de giros predecibles e incluso de escenas que me decepcionan, como aquella en la que perdona la vida a su amada hija de pura casualidad.

La clave de las obas del maestro Burton está, pues, en la ambientación, en la puesta en escena. Los decorados, la iluminación, el maquillaje, el vestuario, los planos escogidos: todo contribuye a crear esa atmósfera tan característica del universo Burton, que no falta en Sweeney Todd. Es algo que yo defino como “terror para niños”, una suerte de películas gore, oscuras y hasta góticas que, no obstante, tienen ese puntito naïf que las hace tan atractivas.

No hay más que ver las escenas en que la señorita Lovett se imagina cómo sería su vida al lado de Todd. Escenas de campo, playa, paisajes románticos, una boda en una apartada y solitaria capilla… Todas ellas escenas idílicas, utópicas, de sueños; que no obstante aparecen cubiertas por ese velo burtoniano de misterio que empalidece las luces, ensombrece los rostros y hace que los personajes lleguen a lo grotesco y el absurdo (impagables los trajes de baño de los protagonistas) sin resultar ni por un momento ridículos o ñoños.

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Lo formal supera al contenido hasta el punto de convertirlo en accesorio. El espectador no necesita una historia convinecente, se conforma con guiños y pinceladas de ese humor negro tan propio de Burton. Muestra evidente es la canción que los protagonistas entonan en el momento en que deciden utilizar cadáveres humanos como sustitutivo de la encarecida carne de animal para las empanadas de la señorita Lovett. O también las intervenciones del irreverente e histriónico Sacha Baron Cohen, que cuenta en la película con un papel a medida.

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Todo esto va conformado el cóctel que hace de Sweeney Todd una obra maestra, y eso que todavía ni siquiera he mencionado el reparto. El film cuenta, de hecho, con un elenco de excepción. Johnny Deep vuelve a demostrar que es un actor brutal, polifácetico y capaz de sacar adelante todo tipo de personajes y situaciones. Como el diabólico barbero Sweeney Todd, Deep pasa sin histrionismos del humor al laconismo, de la socarronería a la histeria, de la frialdad al desconcierto. Y el resto del reparto no se queda atrás, pues encontramos interpretaciones y voces técnicamente impecables que acompañan excepcionalmente el magistral producto de la alianza Burton-Deep que tan buenos frutos está cosechando.

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Y para concluir este post, una pequeña quiniela antes de haber consultado los resultados:

– Mejor película: No Country For Old Men

– Mejor actor: Johnny Deep

– Mejor actor de reparto: Javier Bardem

En las demás categorías prefiero no mojarme, aunque debo decir que Ellen Page me parece toda una promesa de Hollywood.

A estas horas (las 2:30 de la madrugada), probablemente, la suerte estará ya echada. And the winner is…

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Otra vez no, por favor… Esa ha sido mi automática reacción esta mañana al ver la portada del diario La Razón. El PP lo ha conseguido: el terrorismo como arma política y argumento de campaña vuelve a estar en la agenda de los medios.

Si durante las últimas semanas parecía que la economía y otra serie de temas menos manidos habían reemplazado a ETA como ariete demoledor de la campaña rajoyista, era poco más que un espejismo. El propio Pizarro lanzó la primera piedra en el debate del jueves, cuando se defendió de las inquisiciones de Solbes acerca de cómo pensaba conseguir la financiación para reducir tan drásticamente los impuestos con el siguiente demagógico argumento:

“Se puede ahorrar suprimiendo el Ministerio de Vivienda, la Oficina Económica de Moncloa, la reforma del piso de Bermejo y los pagos a los terroristas de ANV”

Inmediatamente, la prensa “filopepera” se ha apresurado a recoger el testigo de Pizarro, enarbolando el hacha de la cooperación con los terroristas contra el PSOE. Eso es lo que, como vengo diciendo, ha hecho hoy La Razón en su portada:

Portada La Razón 24/02/2008

Lo más indignante, como se puede apreciar, es la fotografía escogida para ilustrar el ya de por sí sensacionalista titular “Zapatero no se arrepiente de negociar con ETA y dice que no pedirá perdón”.

Qué sutileza, qué fina ironía la de La Razón. Un Zapatero socarrón señalando con el dedo al lector y burlándose; el Presidente del Gobierno riéndose abiertamente del engaño en el que, según el PP, mantiene impunemente a su electorado.

¿Quién se está riendo de quién? ¿Zapatero de los españoles o La Razón de sus lectores?

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Muchas han sido las opiniones que se han vertido en los diferentes diarios y blogs acerca del debate sostenido, en Antena 3 y bajo moderación de Matías Prats, por el vicepresidente económico Pedro Solbes y la mano derecha de Mariano Rajoy, Manuel Pizarro.

Se ha dicho que fue un debate aburrido, lleno de tecnicismos y de grandes cifras ajenas al común de los espectadores. Esa fue, por ejemplo, la versión aportada por Gaspar Llamazares en un mitin celebrado al día siguiete en el polideportivo municipal de Zaragoza. Asímismo, Llamazares se lamentaba de que los medios de comunicación, incluso a la hora de convocar los debates electorales, estén fomentando el bipartidismo que aqueja a la presente campaña electoral.

En contraposición, los expertos en economía (diarios como Expansión y algunos medios online como el prestigioso Blog Salmón) han valorado el debate como una experiencia positiva que, independientemente de vencedores y vencidos, pudo servir a los ciudadanos para hacerse una mejor idea de qué fuerza política está capacitada para afrontar con mayor eficacia la política económica de los próximos cuatro años.

Ahora bien, no toda la coertura informativa ni las opiniones que se han vertido han versado sobre economía. Una vez más, siguiendo una ya vieja costumbre, los grandes diarios de tirada nacional se apuntan al bipartidismo y a la propaganda electoral y se aventuran a entronizar a unos y enterrar a otros. Claro está, siguiendo la habitual línea ideológica de cada uno:

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Igualmente poco respetuoso me parece en ambos casos el postular tan claramente – y en portada – el que para ellos es el claro triunfador de la contienda mediática. No más justificado está en un caso que en el otro, desde el momento en que un debate electoral no debería convertirse en un show de lucha de gladiadores.

Por supuesto, el periodismo es interpretación y cada medio tiene el derecho – e icluso el deber para con sus lectores – de analizar las consecuencias positivas y negativas que el debate haya podido producir en la imagen de cada uno de los candidatos. Y, desde luego, dentro de ese análisis se incluye la posibilidad de valorar cuál de los contertulios consiguió una mayor repercusión en la audiencia. No obstante, la portada del diario no es el lugar más indicado – sino el editorial – para presentar tan a las claras la adscripción política de la redacción del medio.

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