Entras a la sala, te acomodas, aguantas la inevitable ración de anuncios previos al comienzo de “Escondidos en Brujas” y comienzas a escuchar los primeros compases de una de las magistralmente escogidas melodías que ambientan esta pequeña delicia cinematográfica. Poco más de hora y media más tarde, se levanta el embrujo que te ha mantenido pegado sin remedio a la butaca y experimentas la infrecuente sensación de no querer marcharte a casa, de seguir con ganas de más, de alegrarte profundamente de no haber elegido ver un film más palomitero como Hancock, e incluso sientes el impulso de aplaudir como en el teatro al elenco de actores (y, más aún, a Martin McDonagh, el padre de la criatura) aún cuando eres perfectamente consciente de que no te pueden oir y corres, muy por el contrario, el riesgo de parecer un tarado. Lo que ha sucedido desde que entraste para que al salir te embargue tal emoción no se puede describir con palabras: es la magia del cine de calidad.
Ray y Ken, dos sicarios irlandeses excelentemente interpretados por Colin Farrell y Brendan Gleeson, han recalado en la ciudad de Brujas, donde por mandato de su jefe (el deslenguado Harry Waters, papel que le sienta como anillo al dedo a Ralph Fiennes) tendrán que hacerse pasar por una pareja de turistas comunes y corrientes, a la espera de recibir nuevas órdenes. No parece una misión demasiado complicada de llevar a cabo en un lugar como el encantador paraje belga, repleto de monumentos y catedrales góticas que hacen de él casi como una de esas aldeas
medievales de cuento de hadas. No obstante, al pobre de Ray le ennegrecen la visita los fantasmas de su fatal error – un desgraciado accidente durante su último encargo que les ha llevado a esconderse a la ciudad de Brujas – su afición al alcohol y a las drogas, una preciosa actriz belga que conoce durante su primer día en la zona y su incapacidad demostrada para mantenerse alejado de los líos.
La verdad es que a uno le dan ganas de hacer un tour turístico por Bélgica para comprobar si el encanto de la ciudad de Brujas y sus anchos canales es real o es un producto de la película. Aunque bien es verdad que Ray pone todo su esfuerzo en quitarnos esa idea de la mente:
Ken: ¿Subimos? (en referencia a un campanario)
Ray: ¿Qué hay allá arriba?
Ken: Las vistas.
Ray: ¿Vistas de qué? ¿Vistas de la ciudad? Puedo ver la ciudad desde aquí abajo.
Ken: Ray, eres probablente el peor turista del mundo entero.
Ray: Ken, crecí en Dublín. Me encanta Dublin. Si yo hubiera crecido en una granja, y fuera retrasado, Brujas podría impresionarme, pero no lo hice, así que no me impresiona.
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Ray: Bien, ¿y qué pasa si no llama en dos semanas?
Ken: Entonces estaremos aquí dos semanas.
Ray: ¿Dos semanas? ¿En la puta Brujas? ¿En un cuarto como este? ¿Contigo? Ni de coña.—————————————-
Ray: Probablemente en eso consiste el infierno. Una eternidad entera viviendo en la puta Brujas. (Maybe that’s what ‘ell is, an entire eternity spent in fucking Bruges)
La trama se enreda cuando Ken recibe la esperada llamada de Harry, encomendándole una nueva y desagradable misión que, moralmente, se ve incapaz de cumplir: hacer que su compañero pague con la muerte las fatídicas consecuencias de su pasada equivocación. A pesar de sus reticencias y sus diatribas éticas, el bueno de Ken pone toda su voluntad y empeño en no romper su buena relación con el jefe, e intenta finiquitar la labor que le ha sido encomendada. Sucede en una de las mejores escenas de la película, donde finalmente es la suerte (o el destino) quien impide que la vida de Ray termine antes de tiempo.
La evolución psicológica de los personajes a partir de ese momento está muy conseguida y, dentro del surrealismo de algunas de las situaciones que se presentan, resulta perfectamente coherente. Los toques de humor los pone un actor enano (o “menudo”, como prefiere ser llamado el pequeño Jimmy), cuyo exacerbado racismo llega hasta el punto de predecir una futura guerra mundial entre blancos y negros, en la cual ni pakistaníes ni vietnamitas tendrían derecho a estar en su mismo bando y quedarían relegados al de la gente de color. Como ven, la cinta mantiene en todo momento un toque irónico barriobajero que sintoniza muy bien con la onda de los personajes, muy alejados de los matones hollywoodienses al uso.
A modo de anécdota, son ni más ni menos que 126 las veces que, durante los 107 minutos de película, se dice la palabra “fuck” o alguno de sus derivados, lo que nos deja un promedio de 1,18 “fucks” por minuto. Y todo ello sin resultar algo grosero o excesivamente chabacano. Y es que la baza de el humor ácido se juega con inteligencia en la mayor parte de las conversaciones, arrancándonos más de una carcajada con gags como los siguientes:
Ken: Tu novia es muy guapa.
Jimmy: No es mi novia. Es una prostituta que acabo de coger.
Ken: No sabía que hubiese prostitutas en Brujas.
Jimmy: Simplemente tienes que buscar en los lugares adecuados… burdeles, por ejemplo.
Ken: Bien, pues has cogido una prostituta muy guapa.
Jimmy: Gracias.————————————–
Ray: Una cerveza gay para mi amigo gay y una cerveza normal para mí porque yo soy normal.
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Ray: ¡Amsterdam! Amsterdam está lleno de prostitutas chupasangres, ¿no?
Denise (la puta de Jimmy): Sí, por eso me vine a Brujas. Supuse que aquí pagarían más dinero por mi coñito.
Ray: ¿Qué?
[silencio]
Ray: Vosotros dos sois raros.
El final de la película, en el que Harry acaba cometiendo el mismo error que Ray con consecuencias aún más trágicas, es de una ironía y una brillantez dignas del Óscar del que McDonagh ya fue merecedor por su cortometraje ‘Six Shooter’, que está a su disposición en el portal Youtube.
Un último apunte. No sé si será cosa mía, pero en todo momento me da la impresión de que la impecable actuación de Colin Farrell en esta película tiene grandes reminiscencias a su papel en la obra de Woody Allen, “El sueño de Cassandra” (su última creación hasta que el 19 de septiembre se estrene su nuevo trabajo, con Javier Bardem, Penélope Cruz y Scarlett Johansson), donde también se enfrentaba a problemas de conciencia por un asesinato que nunca debió perpetrar y donde las consecuencias del error cometido le llevaban a atravesar una experiencia traumática similar a la que se puede ver en “Escondidos en Brujas”. Pero, ya les digo, tal vez es sólo una apreciación mía y, además, eso no empaña en absoluto una interpretación absolutamente brillante, que consigue humanizar al personaje y hacerlo simpático ante el espectador desde los primeros fotogramas.
Como aperitivo, les dejo con el tráiler:
Otros comentaristas también se han pronunciado, probablemente en muchos de los casos con más acierto que un servidor, sobre este film. Si bien es cierto que no a todos ellos les ha gustado tanto como a mí:
- Blog de Cine (en este post y en este también)
- Notas de Cine
- Soitu.es
- La Butaca
- La off-off crítica
- Rotten Tomatoes (en inglés)






Bien David, muy bien, así que magia del cine de calidad??? Me has convencido, no me queda otra opción que verla… (“Film palomitero”) PERO QUE BIEN ESCRIBE MI PRIMITO!!!