Me entero hoy (lástima no haberme enterado ayer, cuando comenzó) que El País está publicando en su página web una serie de problemas matemáticos con motivo de la celebración de la Olimpiada Internacional de Matemáticas, que tendrá como sede la Universidad Politécnica de Madrid (el año pasado le tocó a Hanoi, capital de Vietnam).
A esta particular Olimpiada acuden más de 500 chavales de casi 100 países, todos ellos auténticos lumbreras y fanáticos de los números, como pude comprobar hace un par de días cuando fueron entrevistados en la radio (creo recordar que en la cadena SER). Sus palabras, dicho sea de paso, dejaron un sabor agridulce a un servidor, pues los dos chicos que hablaron dieron la imagen de ser una inquietante etapa intermedia entre el triunfador vanidoso y el friki antisocial que sólo sale de casa para comprar un libro nuevo. Y eso suponiendo que no lo pueda encargar por Internet…
Lo mismo se puede aplicar a las declaraciones del reportaje que publica el diario El País bajo el descriptivo pero escasamente ingenioso título “Seis cerebros españoles en busca de una medalla”. Aquí os dejo, resumidas, las mejores perlas que salieron de sus bocas:
¿Qué son para él las matemáticas? “Abstracción pura, un ejercicio para la mente que, a mi parecer, es fascinante”. Le gusta todo de ellas: “Un teorema puede ser mas elegante o menos, pero todos tienen su gracia. Lo importante es que, desde los resultados más bonitos a las ecuaciones más monstruosas, todas tienen su utilidad”.
Dile tú al común de los mortales que las mates son fascinantes, elegantes, útiles y que tienen gracia. Seguro que él prefiere quedarse con lo de que las ecuaciones son monstruosas. Me too.
Durante los meses de preparación “se lo ha pasado genial”. Es más, “tampoco me habría parecido dura si fueran 10 horas en vez de 8″. ¿Por qué le gustan las matemáticas? “Como le dijo una de nuestras entrenadoras a una periodista: todo el mundo pierde el tiempo en algo. A mí las matemáticas me entretienen, igual que quien hace sudokus, y me gusta tener que pensar y usar la intuición”
Un despiporre, supongo. ¿Qué joven de hoy en día no prefiere dedicarle ocho horas (o, qué puñetas, ¡que sean diez¡) a resolver problemas matemáticos, antes que viciarse hasta las tantas de la madrugada con la Play Station, salir de botellón con sus amigos o echar un partido de fútbol o de baloncesto? No sean crueles, ¡los raros somos el resto¡ Ellos NO son frikis.
Así describe Diego lo que ocurre ante un problema difícil: “No se sabe inicialmente por dónde atacarlo; hay que pensar, reflexionar, buscar, e ir probando diversos caminos, cada uno basado en una o varias ideas, a menudo originales y creativas. Muchos de ellos no llevan a la resolución del problema, pero pueden ayudarte a avanzar un poco, o a conjeturar algo, o te abren nuevos caminos. Y cuando hallas un camino que permite llegar a la solución, o si sientes que has tomado un camino que te permite dar un salto importante en la resolución del problema, tienes una sensación muy agradable, difícil de describir, como de alegría y de realización”.
Justo lo que los demás chavales de su edad sienten cuando, después de mucho insistir, se consiguen ligar a una chica. ¿Sentirá algún día Diego esa sensación? Cómo no, con la seductora dama de la aritmética y los logaritmos.
“Me gustan las matemáticas precisamente por su simplicidad. No se tiene que estudiar mucho, sino entender unos pocos conceptos y ser capaz de relacionar las diferentes ideas.
Señores, las matemáticas son una maría, están chupadas. Así que a partir de ahora ya saben que si ustedes o sus hijos no son capaces de resolver un problema no es una cuestión de dificultad o enrevesamiento de la ciencia, que destaca por su “simplicidad”. Es, sencillamente, que han salido bobos. No todo el mundo es capaz de entender “unos pocos conceptos”. Háganse a la idea.
Por cierto, parece que China lleva la delantera, lo cual confirma, junto a las citas y los comentarios anteriores, que la teoría del frikismo no es sólo una paranoia de servidor. En todo caso envidia…
… y es que lo que de veras desmoraliza a uno, que – modestia aparte – siempre se ha considerado medianamente inteligente, es ver como estudiantes de tan corta edad (van de los 16 a los 18 años) desafían a la lógica matemática más enrevesada, resolviendo en tiempo récord y con una presión enorme sobre sus hombros (imagínense hacer un examen de nivel internacional, junto a los mejores cerebros en formación del planeta) los complicados problemas y enigmas que se les plantean. A modo de muestra, echénle un vistazo a los de pasadas ediciones de la Olimpiada a nivel nacional:
No quiero ni imaginarme, si esta es la dificultad de las pruebas en España, como de alto estará el listón en la edición internacional de la competición. Miedo me da comprobarlo…
Lo dicho: como un puro trapo me siento, oigan. Perdido en un laberinto de numerajos incomprensibles. La verdad es que nunca me han gustado mucho las matemáticas (como imaginarán, soy mucho más de letras) pero las he ido aprobando con nota y me toca el orgullo y la moral (por no mentar partes del cuerpo que pueden resultar de mal gusto) no ser capaz de resolver la mayoría de los problemas que esos chavales se quitan de encima con la gorra.
Por eso me ha entusiasmado la idea de El País, esos problemas tan sencillos y lógicos que vienen colgado en su página web y que hasta un completo desconocedor de los entresijos de la lógica matemática puede resolver. De hecho – como muestra un botón – he conseguido sacar el de hoy;
Vuelvan mañana por aquí para comprobar, cuando salgan las soluciones, si la he pifiado. De ser así permitiré que me coloquen las orejas de burro y me carguen de libros cara a la pared mientras golpean mis manos con una regla. Porque otra cosa que me pregunto es: los números, como las letras, ¿entrarán también con sangre? Espero que estos chavales no hayan tenido que sufrir hasta ese punto, aunque desde luego el desmejorado aspecto del que hacen gala en la foto no es suficiente para descartarlo:
¡Qué pálidos¡ Chiquillos, ¿cuántos meses hace que no salís a la calle a que os de el sol? Por supuesto, mención especial para los segundos de cada fila. El primero, sin comentarios; al segundo le recomiendo que deje de empollar de una santa vez y trate de dormir un poco. ¡Menudas ojeras¡








