Los militantes del PP son gente de principios, especialmente sus dirigentes. Nadie puede discutir su acerbado españolismo y su pertinaz defensa de los símbolos patrios, pues con inagotable constancia se esfuerzan en ir dejando muestras visibles de sus convicciones. El último y más claro ejemplo ha sido la rápida e incondicional adhesión a la iniciativa emprendida por un grupo de intelectuales y académicos – gran parte de ellos vinculados a UPyD – con el filósofo Fernando Savater a la cabeza, que ha saltado a la palestra con la publicación de un “Manifiesto para la defensa de la lengua común“, el castellano. Además, Rajoy ha manifestado en diversas ocasiones que el Partido Popular tiene intención de presentar en el Congreso una proposición de ley para garantizar el derecho a utilizar el castellano en toda España, tal y como recogía el programa electoral con el que el partido se presentó a las elecciones generales.
Hasta aquí todo perfecto. No es de extrañar que el PP – cuyo giro hacia el centro ha durado sólo 24 horas, según Pepe Blanco – haya suscrito un manifiesto al que también se adhiere la nómina habitual de medios y palafreneros mediáticos (El Mundo, la COPE, Libertad Digital, Telemadrid, la plataforma Hazte Oír, el Foro Ermua etc.) que lo han acompañado durante los cuatro años de viaje en la oposición, y con los que parece haberse reconciliado (¿o es sólo una tregua hasta que los críticos puedan lanzarse a la batalla por la sucesión?) tras unos meses de riña de enamorados.
Lo dicho: no me sorprende ninguno de los nombres que se pueden encontrar entre los que suscriben el manifiesto. Lo que si me sorprende algo más (tampoco mucho) es la preocupante amnesia que sufren los redactores de Libertad Digital, que aseguran en este artículo que “Federico Jiménez Losantos, César Vidal, Pío Moa, José María Marco o Amando de Miguel, entre otros, no dudaron en sumarse a este manifiesto a favor del castellano.” Cualquiera que estuviera escuchando “La Mañana” de la COPE el día en que se hizo público el documento sabrá que Losantos se opuso frontalmente a él en un principio, llegando hasta una confrontación verbal con su inseparable compadre Pedro J. Ramírez. Se ve que al final don Federico ha entrado en razón
y se ha dignado a apoyar a ese grupo de oportunistas que, según afirmaba el primer día, vienen a reivindicar ahora lo que él y el resto de conjuradores de la derecha mediática vienen reclamando desde hace años. En fin, parece que hasta Losantos se lleva de vez en cuando algún pequeño tirón de orejas que le obliga a rectificar y a olvidarse de su tan cacareada “libertad de expresión”.
Pero no es Losantos el único al que se puede tachar de hipócrita en toda esta farsa por la lengua común. También el Partido Popular se va a llevar su ración de crítica. Y no hace falta que se la dedique yo, porque un artículo del Periódico de Catalunya ya hace por mí ese trabajo. Les dejo un pequeño resumen:
El PP no garantiza el castellano en sus feudos
• Los populares han suscrito un manifiesto por el español que incumplen en Valencia
• Fraga y Matas aplicaron cuotas de gallego y catalán cuando gobernaronSi Francisco Caja, presidente de Convivencia Cívica Catalana –una de las entidades más beligerantes a favor del derecho a estudiar en castellano en Catalunya–, quisiera que su hijo recibiera todas las clases en español, su gozo no obtendría recompensa. Pero ni en Catalunya ni en cualquier otra comunidad autónoma que tenga una segunda lengua cooficial. Es decir, tampoco lo conseguiría en el País Vasco, Galicia, Baleares o la Comunidad Valenciana.
Concretamente en estas tres últimas autonomías se da una interesante circunstancia. El empleo del gallego y el catalán (o valenciano) como lengua vehicular de la enseñanza no universitaria ha sido promulgado o fortalecido por gobiernos del PP, partido que ahora ha suscrito el manifiesto promovido por UPD en defensa de la preeminencia del castellano al ser la “lengua común”.“Las lenguas cooficiales autonómicas deben figurar en los planes de estudio de sus respectivas comunidades en diversos grados de oferta, pero nunca como lengua vehicular exclusiva”, señala el manifiesto. En cambio, las respectivas leyes y los numerosos decretos implantados en las comunidades gallega, balear y valenciana repiten sin excepción que sus idiomas autóctonos son los vehículos de comunicación en las aulas, estableciendo en todos los casos cuotas e, incluso, una serie de asignaturas que deben impartirse en dichas lenguas.
El caso más paradigmático es el de la Comunidad Valenciana, donde el PP ha impulsado hasta tres programas educativos distintos, pero todos con una importante presencia del valenciano en las aulas. Además, el Ejecutivo de Francisco Camps –quien explicitó su apoyo al manifiesto por el español– presume de las cifras de escolarización en valenciano, cuya tendencia al alza es constante desde hace 25 años.En Baleares y Galicia no gobierna actualmente el PP. Pero cuando Jaume Matas y Manuel Fraga eran sus respectivos presidentes, se responsabilizaron, a través de sendos decretos, de que hoy por hoy los estudiantes de esas comunidades reciban al menos la mitad de las clases en sus lenguas autonómicas, concretando también las materias que se cursarán en catalán o en gallego.
Un hecho que chirría al lado de una premisa del manifiesto de UPD según la cual “las lenguas cooficiales no tienen el derecho a imponerse como prioritarias en la educación en detrimento del castellano”.
Sobre el caso gallego profundizan en un segundo artículo, del que sólo destacaré un párrafo:
La primera ley de normalización lingüística de Galicia, que data de 1983, establecía objetivos genéricos orientados a “promover el uso progresivo del gallego en la enseñanza”. [...] Sin embargo, no fijaba ninguna asignatura obligatoria en gallego, fuera de las lógicas de lengua y literatura gallega. Aunque el gallego fue instalándose poco a poco gracias al empuje de un sector del profesorado, la mayoría de los centros optaban por el castellano como lengua vehicular mayoritaria, sobre todo en las ciudades.
[...]
Unos 20 años después, el Gobierno de Manuel Fraga remodeló esta norma para hacerla más específica respecto del uso del gallego. Ahora, al menos el 50% de las clases en la enseñanza obligatoria deben impartirse en gallego, siendo además obligatorio utilizar esta lengua en las asignaturas de conocimiento del medio natural, social y cultural, lengua y literatura gallega y alguna materia troncal.
Poco más me queda a mí que añadir. Sólo me resta abundar en la idea que introducía al principio de este post: el PP es un partido de principios… De principios y convicciones fácilmente moldeables en función de los intereses concretos que están en juego en cada situación. Cataluña y El País Vasco son comunidades donde el PP cosecha resultados electorales irrisorios y eso le obliga a atacar a los gobernantes regionales por todos los flancos posibles, confiando en captar votos de cualquier tipo de electorado posible, especialmente del tipo de votante de derechas que vota a PNV o a CiU, pero no está conforme con algunos postulados cercanos al nacionalismo.
¿Qué armas pueden explotar para distinguirse de las demás fuerzas poíticas y así captar votantes? Sólo dos: en el País Vasco el terrorismo, llevándolo a un punto de victimismo que hace pensar que sólo sus militantes estuvieran amenazados por ETA (se ve que se les olvida que Isaías Carrasco y otros tantos eran socialistas); y en Cataluña (y de paso tal vez en Galicia, mientras siga gobernada por el bipartito PSOE-BNG) la cuestión lingüística, de nuevo con un planteamiento victimista que intenta hacernos ver el castellano como algo prohibido y perseguido de manera inquisitorial por el Gobierno regional.
Lo que sucede es que de vez en cuando se les ve el plumero. A Aznar le pasaba a menudo, con sus amigos Arzalluz y Pujol, y al nuevo PP de Rajoy también le está empezando a suceder. Y es que no creo que tengan muchos problemas en hablar catalán en la intimidad con Durán Lleida, si eso les asegura pactos para bloquear las iniciativas del Gobierno de la nación. Y tampoco me sorprendería ver a Camps suscribiendo el manifiesto por la lengua común (cosa que, por cierto, ha hecho) con palabras como las que dan título a este post: “València parla castellà… O millor, Valencia habla castellano.“





