Parece que ayer martes 24 de junio llegó el momento en que el sabio Cronos – que ajusta cuentas hasta con el más pintado – ha tenido a bien otorgarnos la razón, paradójicamente por desgracia, a los 800.000 votantes que depositamos, contra viento y marea, nuestra confianza en Izquierda Unida en las pasadas elecciones generales.
Ellos, como yo, acudieron a las urnas con la intención de respaldar la candidatura de Gaspar Llamazares, conscientes de que el voto útil a favor del PSOE traería como consecuencia transmutar la valiente y necesaria labor social llevada a cabo por el Gobierno en la pasada legislatura por una creciente derechización que a día de hoy parece inevitable, especialmente en el contexto de una Europa cada vez más conservadora, con tintes xenófobos y fascistizantes.
La mejor prueba de lo que digo es que la propia militancia socialista se ha dado a la labor de elevar sus propuestas para un giro hacia la izquierda en la política social del ejecutivo de Rodríguez Zapatero. O, al menos, en ese sentido apuntan la gran mayoría de las enmiendas presentadas a la ponencia del 37º Congreso del PSOE, que se celebrará los días 4, 5 y 6 de julio, en el Palacio Municipal de Congresos de Madrid. De ello advierte hoy el diario El País, a cuyo artículo me remito para listar las principales líneas de cambio abordadas por los enmendantes:
NUCLEARES Y ECONOMÍA Por las energías renovables
Ante “la economía globalizada depredadora”, varias decenas de enmiendas quieren contraponer al Estado con un papel relevante “que ponga freno a los excesos del mercado”. Estas enmiendas se encaminan a que los agentes sociales y las Administraciones vigilen, “desde la perspectiva del socialismo democrático”, para que “solidaridad social y sostenibilidad vayan por fuerza a la par”. En la mayoría de las enmiendas se apuesta por un modelo de desarrollo que tenga muy en cuenta el uso de las energías renovables. No hay disparidad con la ponencia oficial en cuanto al rechazo a la energía nuclear, si bien en numerosas enmiendas se pide que se mantenga esa oposición. Sólo una enmienda pide que “se abra el debate sobre el uso de la energía nuclear”. Los enmendantes no quieren rebajas fiscales sino “políticas fiscales adecuadas para el sostenimiento de las prestaciones sociales y los servicios públicos, propios del Estado de bienestar”, se lee en enmiendas de Madrid y de Izquierda Socialista.
ABORTO Y EUTANASIA Revisión inmediata
Una veintena de enmiendas sólo se sitúan un paso más allá que el programa del PSOE sobre la despenalización del aborto, urgiendo “a la revisión” inmediata de la actual legislación. Media docena de ellas pretenden una ley de plazos, lo que se descarta de momento. En una decena de enmiendas se apela “a la regulación de una norma que garantice legalmente el derecho de las personas a una muerte digna”, sin mención expresa a la eutanasia.
INMIGRACIÓN Derecho al voto
Una treintena de enmiendas reflejan la preocupación de los socialistas por la competencia en la que pueden entrar los inmigrantes con los ciudadanos de menos poder adquisitivo por el acceso a los servicios. “Reforzar los servicios públicos” es la petición constante de los militantes socialistas. Ahora bien, 11 federaciones se decantan en contra de cualquier “contrato de integración” y en 15 enmiendas se pide el derecho al voto para los inmigrantes en las elecciones municipales. Izquierda Socialista solicita que España lidere en la Unión Europea la lucha por la defensa de los inmigrantes “incluso en situación de ilegalidad”.
CONTRA LA ‘FLEXIGURIDAD’ La militancia desconfía
De todas las federaciones llegan enmiendas para eliminar el concepto de flexiguridad, ya que de sus bondades la militancia socialista desconfía. La ponencia oficial lo defiende por compatibilizar la protección a los trabajadores con la flexibilidad de las empresas para contratar y despedir. “Supresión” es la palabra más repetida en las enmiendas sobre este apartado. “La flexibilidad laboral sólo se permitirá si se garantiza más empleo, salarios dignos, formación y disminución de la precaridad”, señalan media docena de enmiendas. Otro bloque, encabezado por Madrid, aboga por la “reafirmación de la semana laboral de 40 horas”.
Desafortunadamente, las tibias reclamaciones de la militancia socialista no son el más preocupante de los agujeros de derechización que están gradualmente apareciendo en el casco del buque gubernamental, ya a la deriva por la innegable desaceleración crisis por la que está atravesando la economía de, como diría el chaquetero de las mañanas de Radio Rouco, “eso a lo que antes solíamos denominar España”. (La última “sabia rectificación” del señor Losantos se ha dado hoy mismo, al reconocer que ha suscrito el manifiesto por una lengua común que hasta ayer mismo rechazaba enconadamente, hasta al punto de enfrentarse a su compadre Pedro Jota)
El caso es que hay un indicador aún más acuciante de que el PSOE está prácticamente abocado a subirse al carro de la “diestra” europea, tras deshacerse del incómodo lastre de las promesas de progreso social: la necesidad imperiosa de pactar con CIU para sacar adelante sus iniciativas parlamentarias y, muy especialmente, los próximos presupuestos.
Ustedes se acordarán – ¡qué tiempos aquellos! – de cuándo, inocentes de nosotros, aún creíamos el cuento del “pequeño reajuste” y la “suave desaceleración” que Solbes nos vendió (parece que a mí no tanto) con espíritu de teletienda y resultados de reputado prescriptor a lo largo de la campaña electoral. Y es que siempre se le hace más caso a un señor que “parece que sabe de lo que habla”, que al ex-presidente de Endesa, al que vemos pisar por primera vez en su vida un mercado de barrio.
Y, si hacen un poco de memoria, se acordarán también de la investidura de José Luis Rodríguez Zapatero (si no les apetece devanarse los sesos, siempre pueden buscar los videos que en su día colgué en la sección “videoactualidad” en la barra lateral derecha de este blog), aquella en la que el PSOE se mostró decidido a luchar sólo, a plantar batalla a todo y a todos como los grandes estategas, con pactos concretos para sacar adelante cada una de sus propuestas.
Lástima que el cuento de la desaceleración no haya acabado en un banquete con perdices (una huelga de transportistas dejó vacías las estanterias) y por el contrario se haya convertido en la pesadilla de una crisis que se acentúa día a día y eufemismo a eufemismo. Y lástima también que la solitaria princesita de cejas arqueadas haya sido incapaz de reunir los apoyos necesarios para cerrarle la tapa al estúpido cuentecito, lleno de personajes malvados (les llaman “portavoces parlamentarios”) dispuestos a amargarle la fiesta haciéndole volver antes de media noche al Congreso, para comparecer ante ellos por haber malgastado en tiempo récord (¡¡sí, sí, hasta Solbes reconoce que la mediada de los 400 euros ha sido un malgasto!!) el “zapatito de cristal” del superávit del que tanto presumía ante sus hermanastras hace sólo unos meses.
Y claro, como ya venía diciendo antes, ahora tiene que volver con las orejas gachas junto a sus hermanastras nacionalistas (las hermanas pequeñas Coalición Canaria, BNG y ERC y las hermanas mayores PNV y CIU), porque ellos mismos se encargaron de provocar un peligroso infarto cardíaco a la oronda hada madrina que durante la pasada legislatura les había llevado por la buena senda de los progresos sociales: Izquierda Unida.
La consecuencia es que al final el PSOE acabará mordiendo la manzana envenenada que le tienden sus hermanastras mayores (en el cuento era la bruja mala la que se la tendía, pero ahora después veremos qué papel juega ella en esta revisión del clásico), y estableciendo un pacto de gobierno estable con CIU o PNV. Así que lo más probable, siendo el acuerdo con los nacionalistas vascos casi imposible dada la cercanía de las elecciones autonómicas, es que la recatada CIU – cristiana y conservadora ella – sea la que marque a la Cenicienta gubernamental el camino a seguir en los próximos años. El País recogía hoy algunas de las que podrían ser sus exigencias:
CiU ha logrado hasta ahora marcar el ritmo económico al Gobierno y pretende hacerlo en el futuro. Así, el portavoz adjunto de CiU, Josep Sánchez Llibre, marcó territorio ayer exigiendo un plan anticrisis, precisamente para el momento en el que en septiembre se negocien los Presupuestos. Es la primera condición para ese apoyo y una forma de marcar territorio. En el anterior pleno, Sánchez Llibre dijo abiertamente en la tribuna que permitían con su abstención la aprobación del techo de gasto para 2009 a cambio de un acuerdo de financiación autonómica. [...]
Por la tarde, CiU permitió con su voto que prosperaran dos iniciativas del PP en el Senado y que el PSOE perdiera esas votaciones.
“Esta semana nos toca llegar a acuerdos con el PP”, dijo abiertamente Josep Antoni Duran Lleida, portavoz de CiU en el Congreso, hace dos semanas ante los periodistas. Esa frase hubiera sido imposible de escuchar de su boca en la anterior legislatura.
Y aquí es donde entra en el juego la bruja malvada, el Partido Popular, que está aprovechando de manera muy inteligente el desgaste del Gobierno socialista por la crisis económica y los problemas internos de casi la totalidad del resto de partidos de la oposición. El giro hacia el centro que ha impreso Mariano Rajoy a su partido en el pasada Congreso de Valencia servirá al PP para acercar posturas con las hermanastras del PSOE, los nacionalistas a los que tan denodadamente demonizó la pasada legislatura.
Esta maniobra del principal partido de la oposición complica gravemente las cosas a Rodríguez Zapatero de cara al gobierno “sin hipotecas” que, pensando que el PP se encontraba sólo y aislado en el Congreso, se lanzó a poner en práctica la primavera pasada.
Ahora, tiene ante sí una complicada elección:
1) Pactar con las hermanastras y derechizarse para asegurar la gobernabilidad, perdiendo el apoyo de la masa de votantes de izquierda que practicaron el voto útil en las pasada elecciones y renunciando a nuevas y más profundas conquistas sociales que demanda su propia militancia.
2) Continuar en solitario, admitiendo que sus propuestas sean constantemente tumbadas en el Congreso y favoreciendo que la malvada bruja del PP se acerque cada vez más a sus hermanastras de la derecha nacionalista (CIU y PNV). De este modo, además, se corre el riesgo de que la derecha se vaya volviendo cada vez más atractiva (la bruja cada vez asusta menos, ahora que las caras de Zaplana y Acebes se han visto sustituidas por las mucho más agradables de Sáenz de Santamaría y Cospedal) hasta que el espejito mágico de las urnas ratifique dentro de cuatro años quién es la más guapa del reino y todos nos llevemos una desagradable sorpresa.
En cualquier caso, las perspectivas no son muy halagüeñas, pero es que nadie dijo que lo fueran. Sólo nos queda soñar con una muy poco factible solución de cuento de hadas: que el hada madrina, Izquierda Unida, sea capaz de recuperar el pulso tras el infarto de votantes arreabatados por el voto útil en las pasadas elecciones , que la Cenicienta socialista cumpla su compromiso de revisar la Ley Electoral para evitar que el “tsunami bipartidista” vuelva a engullirla, y que en los próximos comicios, dentro de cuatro años, pueda aparecer de la nada con la varita mágica del progreso social en ristre para formar una coalición verdaderamente de izquierdas que nos gobierne libre de las ataduras de sus hermanastras nacionalistas y de los tejemanejes del palacio de Génova, desde donde la bruja malvada prepara su regreso al poder.







