I believe in change
Abril 8, 2008 por DaGOr
Hillary asegura que la niña bosnia de ocho años era en realidad francotiradora
Acusada en los últimos días de embellecer su historia acerca de un altercado con fuego de francotiradores en Bosnia, la candidata demócrata a la presidencia de EE.UU., la senadora Hillary Clinton, declaró ayer que “no traten de tomarla el pelo” con fotos suyas siendo bienvenida en el aeropuerto por una niña Bosnia, con coleta, de 8 años de edad y con un ramo de flores en la mano.
“No hubo tal niñita”, dijo Clinton a los reporteros en Gary. “Se trataba de una miniatura de francotiradora Bosnia”.
La senadora de Nueva York expresó que momentos despues de que la “supuesta niña pequeña” se le presentara con las flores, se reveló que el ramo escondía en realidad “una diminuta arma semi-automática”.
“Afortunadamente, tuve el control mental suficiente para emplear algunas de las técnicas de Taekwondo que había aprendido durante mi preparación para los encuentros de Irlanda del Norte”, añadió.
Defendiendo a su mujer frente a las acusaciones de haber inventado los riesgos que corrió en sus tiempos de primera dama, el ex presidente Bill Clinton explicó a John King, de la cadena CNN, que “los votantes demócratas se enfrentan a una clara decisión en estas elecciones: ¿Quieren a una mentirosa o a un plagiador?”
“Hillary cuenta algunas auténticas trolas, pero por lo menos son originales”, argumentó.
En respuesta a la pregunta sobre si cree el relato de su mujer acerca de los hechos en Bosnia, Clinton respondió: “Todo lo que puedo decir al respecto es Reverendo Wright, Reverendo Wright, Reverendo Wright, Reverendo Wright, Reverendo Wright, Reverendo Wright.”
Por otra parte, el senador John McCain confesó haberse divertido viendo la película “10.000 A.C.”, la cual describió como “un viaje sentimental para mí”.
Autor: Andy Borowitz
Fuente: Cagle Post
Traducción propia
Qué mejor que uno de los ingeniosos reportajes ficticios del mordaz Andy Borowitz y unas cuantas viñetas graciosas para ilustrar el tema del que les quiero hablar hoy: las elecciones estadounidenses. Antes que nada, y ya que por tratarse de un país lejano pocos o nulos intereses puedo albergar en el resultado de los comicios, voy a explicar mi posición al respecto.
En primer lugar, me produce un abierto y enconado rechazo la candidatura del senador John McCain, una auténtica momia política en sus planteamientos, demasiado similares en lo fundamental a los del actual presidente estadounidense, George W. Bush., cuya popularidad se desploma cada vez más rápidamente. Sin ir más lejos, McCain es el único de los tres candidatos a la presidencia que defiende, a pesar de lo palpable de sus catastróficas consecuencias, la ocupación norteamericana de Irak, por la que tan alto precio político ha pagado el actual inquilino de la Casa Blanca.
Otra prueba irrefutable de su concordancia política con la actual Administración son los rumores acerca de la posible vicepresidencia de Condoleeza Rice, actual Secretaria de Estado, en caso de resultar triunfadora la candidatura de McCain en las generales. Aunque voces suficientemente autorizadas desmienten este rumor - que, de ser cierto, probablemente supondría un lastre para la campaña republicana en estos tiempos de cambio y de renovación-, el mero hecho de que haya surgido y de que no haya escandalizado a nadie ya prueba el aroma de continuismo que desprende John McCain.
Además, tengamos en cuenta que el senador por Arizona es poco menos que un chaquetero, dispuesto a anteponer su carrera política y su ascensión en la escala de poder a su posición ideológica, hasta el punto de haber sido uno de los nombres que John Kerry barajó como posible vicepresidente (pueden leer también la noticia en ingles en el New York Times) en en el año 2004, antes de ser derrotado en las elecciones generales por el candidato republicano, George Bush.
Por su parte, las dos candidaturas demócratas aún en liza (Clinton y Obama) me suscitan sentimientos encontrados de esperanza y de frustración. Por un lado, el hecho de que ambos representen en sí mismos un cambio y una ruptura con las tradiciones añejas y ya rancias del presidencialismo estadounidense me permite en cierto modo pensar que el progreso aún es posible.
Si las propuestas de uno o de otro se plasman finalmente en actuaciones concretas y no se quedan en simple y fugaz palabrería, es probable que los EE.UU., y con ellos la larga nómina de países que en mayor o menor medida le rinden pleitesía, den por fin un giro radical a su política, lo suficientemente pronunciado para corregir sus más flagrantes errores y con ello detener la involución en que se halla inmersa la civilización occidental (cambio climático imparable, agotamiento de los recursos, neoimperialismo, capitalismo voraz, economías en recesión, suspensión y supresión de derechos… )
No obstante, como antes apuntaba, me embarga a la vez una fatal sensación de desasosiego, de inquietud, producto del cariz que está tomando la lucha por la candidatura en el bando demócrata. Prescindiendo de entrar a buscar culpables a la situación (porque ni creo que toda la culpa sea exclusivamente de Clinton por no querer abandonar la carrera, ni creo que sea de Obama por no conformarse con la vicepresidencia), lo que me parece absolutamente evidente es que el único beneficiado de los enfrentamientos es John McCain, que puede dedicar la totalidad de sus esfuerzos a promocionarse y dejar a sus oponentes el trabajo sucio de desprestigiarse entre ellos.
Mis preferencias, conste para evitar malentendidos, están con el senador por Illinois, cuyo programa me parece el más progresista y el más auténticamente resuelto a afrontar, de una vez por todas, la necesaria renovación de la anquilosada sociedad estadounidense de la que les hablaba hace unos instantes.
A ello se suma el hecho de que su candidatura ha llegado al lugar apropiado y en el momento justo. Los Estados Unidos necesitan, desean e incluso demandan (no hay más que ver la fulgurante popularización del fenómeno Obama) un panorama de futuro totalmente diferente y transgresor, hastiados como están de las excentricidades de su actual presidente y de una política de gasto militar e imperialismo que ha agotado económicamente al país y lo ha llevado a la recesión económica en que se encuentra.
Además, estamos atravesando un momento en la aún breve Historia de las democracias en el que los movimientos progresistas y de izquierdas parecen imponerse. La gente quiere líderes que miren al futuro con optimismo, que luchen por el cambio y no por el mantenimiento de los intereses creados. Quieren líderes preocupados por el deterioro del medio ambiente, comprometidos con los Derechos Humanos y tolerantes con la pluralidad. Y quieren, sobre todo, personas honestas y de confianza, que expongan sus ideas a las claras, incluso cuando no son del todo políticamente correctas, y que no recurran a maniobras arteras ni a manidos argumentos demagógicos para captar votantes.
I believe in change, especialmente si sirve para hacer más justo el mundo. Y ello, a corto plazo, depende en gran medida de la conducta y la postura de los Estados Unidos de América, que será una u otra en función de la mano que dirija la batuta de la nación.
¿Dejarán los estadounidenses que, para variar, esa mano sea negra?



















