Me llaman enormemente la atención las declaraciones de Juan Carlos Lecompte – marido de la colombo-francesa Ingrid Betancourt, secuestrada por la Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia -, en relación con las acciones de los diferentes gobiernos implicados en la dura labor de negociar con la guerrilla la liberación de su esposa. No es que me sorprenda especialmente el contenido, que ofrece una visión del presidente colombiano Álvaro Uribe muy cercana a la que ofrecía yo mismo ayer, en este mismo blog. Lo que de veras me extraña, a la par que me alegra, es que palabras como las suyas se difundan en medios de nuestro país, aunque sea en el reducido escenario de aquellos de corte más progresista (en este caso Público).
Son tres las grandes conclusiones que se extraen de la entrevista:
- Los intentos de mediación del presidente venezolano Hugo Chávez son algo positivo, pues albergan la intención de abordar de una vez por todas un problema que lleva desangrando Colombia desde hace mucho tiempo y que está en el mejor momento para ser zanjado por la vía de la negociación. En palabras de Lecompte:
- Álvaro Uribe, presidente de Colombia, no sólo no está dando verdaderos pasos para la resolución del conflicto sino que, además, obstaculiza las iniciativas de los demás. Ello se debe, a juicio de Lecompte, a un motivo principal: la presunta vinculación de Uribe a las fuerzas paramilitares que pretenden la derrota de las FARC por la vía militar en lugar de la diplomática.
- Criticar la postura del Gobierno colombiano o reclamar acciones más claras en pro de la liberación de los rehenes es muy peligroso, y ha conducido a Lecompte no sólo a la agresión verbal de las autoridades sino incluso a recibir amenazas de muerte.
El presidente venezolano y la senadora Piedad Córdoba están trabajando para terminar con un drama que llevaba demasiado tiempo estancado. No podemos olvidar que en el grupo de Ingrid hay gente que lleva 10 años secuestrada. Espero que salga bien, aunque no va a ser fácil.
Ahora empieza a conocerse los vínculos que Álvaro Uribe tiene con los paramilitares. [...] Por la vía militar no se resuelve el problema armado de Colombia. Ni la liberación de los 45 rehenes ni el fin de la guerra que enfrenta a las FARC con el Gobierno. [...] Ni el Ejército puede liberar a los más de las 3.000 personas que permanecen en poder de los guerrilleros ni las FARC está en disposición de derrotar militarmente al Gobierno. Es un empate eterno. Ambas partes deben abrir cuanto antes un proceso de paz para evitar que el país siga desangrándose.
En Colombia se hiere la sensibilidad de las víctimas del terrorismo. Aquí te agreden. No se muestra la más mínima compasión. Cero de apoyo y de comprensión. [...] (el Gobierno) ni siquiera me han llamado por teléfono. Jamás. [...] Batallar por la liberación de secuestrados supone terminar enfrentado con el Gobierno de Uribe. Hay un fanatismo en la cúpula del poder político que me recuerda a la Alemania de Hitler.





