No soy muy amigo de las conspiraciones. Normalmente, tiendo a desconfiar de los que intentan ver manos negras detrás de cada maniobra política y de cada asunto de relevancia mediática. No obstante, es innegable que en ocasiones no queda más remedio que desconfiar de las intenciones que, maquilladas de buenas intenciones con bajas dosis de credibilidad, albergan ciertos líderes políticos y sus secuaces internacionales.

En España, además, no tenemos de qué sorprendernos, pues ya fuimos testigos en su día de la capacidad del inconmensurable G.W. Bush para tender hilos que le permitan manejar como una marioneta a cierto perfil de jefes de gobierno. Y, queridos lectores, creo sinceramente que el presidente colombiano, Álvaro Uribe Balas Vélez, encaja a la perfección en ese molde.
De hecho, me cuesta mirar las acciones que inicia el gobierno de Colombia y las decisiones que toma Uribe (me basta con citar el ejemplo de su polémico plan para privatizar la universidad colombiana) sin vislumbrar a su espalda la larga y negra sombra del señor Arbusto. Es bien sabida la admiración que el vaquero de Connecticut tiene por el oro negro, que le ha llevado a iniciar guerras eternas contra un imaginario “Terror”, que al final se han destapado como un montaje (todo apunta a que las Torres Gemelas fueron derribadas con explosivos y, desde luego, ha quedado claro que no había armas de destrucción masiva), no muy distinto a los que sus predecesores en el Gobierno llevaron a cabo para entrar en las dos guerras mundiales (me refiero al hundimiento del Lusitania y a el ataque de Pearl Harbour).
Por eso no veo cómo a alguien podría extrañarle que, una vez más, esté utilizando a sus marionetas en otros países para incrementar su control sobre los recursos energéticos del planeta, de entre los que sólo los presentes en Venezuela han escapado hasta ahora a su control.
¿Y qué es lo que se interpone entre el presidente Bush y su preciado petróleo en Venezuela? Un socialista convencido, un mandatario firme – con lo positivo, pero también con lo negativo que ello conlleva -, algo exagerado e histriónico en sus intervenciones, con un punto de narcisismo que le lleva a pavonearse ante los medios y un orgullo que le mete en más problemas de los que le saca. Me refiero, señores y señoras, a Hugo Chávez, el rebelde latinoamericano que, a día de hoy, pese a todos sus defectos, se opone en solitario al imperio de los “gringos”, defendiendo a capa y espada lo que es suyo y de su pueblo.
Y claro, por supuesto, consciente de todo esto, la potente y siempre engrasada maquinaria de control estadounidense se ha puesto en marcha a idear y poner en práctica un nuevo montaje que saque al “macaco” fuera de escena. Y para ello, igual que recurrió a los pardillos de la Azores cuando quiso invadir Irak, ha buscado la cooperación de su amigo y admirador Álvaro Uribe, siempre dispuesto a hipotecar los intereses de su propia nación en pro de los del imperio yankee.
Así, ha comenzado una maniobra para vincular a Chávez, y de paso a cualquier otro que pudiera ponerse eventualmente de su lado (Rafael Correa, Evo Morales y quien haga falta), con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), grupo reconocido internacionalmente como terrorista. Con esto en mente – y consciente de que Chávez no cometía errores, sino que acumulaba aciertos con cada rehén cuya liberación gestionaba -, Uribe no ha tenido más remedio que iniciar el mismo un conlicto (la “crisis andina”, tras su bautismo mediático), que de otra manera las acciones del presidente venezolano nunca hubieran desatado.
Inmediatamente, el Pentágono ha puesto en marcha su aparato de propaganda negra, con el objetivo de mostrar al mundo una imagen de Chávez valedor de los terroristas de las FARC. ¿De verdad no les recuerda a cómo han pintado a Sadam o a Bin Laden? Los medios, instigados por la Administración Bush, han propagado la idea de que Venezuela y Ecuador dan cobijo a los terroristas y, aún peor, los defienden de la persecución de las autoridades colombianas. ¡Qué eufemística manera de hacer ver que una invasión flagrante de la soberanía ecuatoriana no era sino una operación justa y necesaria que el Gobierno ecuatoriano trataba de obstaculizar¡ ¡Qué maravilloso montaje para hacer lucir a Correa, y de paso a Chávez o cualquier otro que los apoye, como terroristas en potencia¡
Pero, un momento, no se marchen señores, que aún hay más. Resulta que en el campamento de Raúl Reyes – ese que los colombianos al servicio de Uribush bombardearon, acabando con la vida no sólo del guerrillero sino también de varios mejicanos inocentes – se ha encontrado un oportuno y útil ordenador portátil con grandes cantidades – infinitas, diría yo – de datos sobre las actividades de las FARC.
Puedo dejar de lado el hecho de que los líderes terroristas no suelen documentar sus crímenes, el hecho de que cualquier cosa que pueda encontrarse en ese ordenador – por provenir de quien proviene – pudiera ser sencillamente mentira y el hecho de que los informáticos colombianos deben de ser extraordinariamente lentos, ya que por la velocidad a la que se revelan los documentos más bien daría la impresión de que se están “cocinando” sobre la marcha.
Pero lo que no creo que deba desatenderse es la doble moral con la que el Gobierno colombiano está midiendo la relevancia de sus descubrimientos. Voy a referirme, en concreto, al último de ellos: el hallazgo – gracias a informaciones sacadas de la “computadora mágica” de Reyes – de 30 kg de uranio empobrecido que las FARC podrían haber tratado de vender en el mercado negro internacional o utilizado para la fabricación de armamento.
La versión oficial de los medios, instigada por Uribe y Bush, podría resumirse en las siguientes declaraciones del Departamento de Estado de los Estados Unidos:
“Estamos profundamente preocupados por los reportes de que miembros de la FARC estaba traficando con uranio”, dijo Heide Bronke, una portavoz del Departamento de Estado. “Eso subraya la amenaza terrorista que las FARC plantean para el pueblo de Colombia y para toda la región.”
Como se puede ver, una vez más, el objetivo de toda esta operación es sembrar el pánico ante la amenaza terrorista de las FARC para, posteriormente, vincular a Chávez con la guerrilla y tener una excusa con la que derrocarle. No sé porque será que me vienen constantemente a la cabeza imágenes de congresistas norteamericanos expresando afirmaciones tales como “Afganistán está entrenando a terroristas de Al-Qaeda”, “Irak está dando cobijo a terroristas”, “Irán entrena terroristas”, “hay que combatir a los terroristas”, “luchemos contra terrorismo”, etc. ¿No será que otra vez quieren justificar su imperialismo, su nueva expansión colonial, con el argumento del MIEDO, de que en realidad están preocupados por la seguridad internacional?
Por suerte o por desgracia, esta vez tienen en frente un enemigo de mayor envergadura. Venezuela no es un país hundido y peligroso, sin derechos ni libertades, aunque nos lo quieran vender como una dictadura comunista. Venezuela es una democracia en la que los ciudadanos escogen a su líder (Chávez es un presidente ELECTO), y en la que se hacen grandes esfuerzos por el creciemiento y por garantizar la prosperidad y la seguridad en las calles. Todo lo contrario, en muchos sentidos, que la situación en Colombia, donde con la excusa de la lucha contra la guerrilla Uribe recorta constantemente las libertades de su pueblo y presumen de una prosperidad económica que sólo puede conseguir si se apoya en el narcotráfico. Eso sin mencionar, porque no está tan clara, su posible vinculación pasada con el terrorismo de estado y los grupos paramilitares.
Pero, una vez más, los medios se alinean de parte de Bush y sus compinches y dan la imagen de una conspiraciones de dictaduras comunistas, herederas de Fidel Castro, que atentan contra la seguridad global.
En todo caso, y lejos de querer entronizar los países socialistas como paradigma de la democracia y las libertades (sencillamente, porque no lo son), lo que quiero hacer constar es que la tan traída y llevada “crisis andina” no es un conflicto de buenos y malos como nos lo presentan. Hay muchos intereses ocultos que se deberían destapar, aunque por desgracia los medios de comunicación europeos – poco amigos del periodismo de investigación y muy propensos a copiar de los medios estadounidenses – no están dispuestos a hacerlo.
Por ello, y ya que la opinión pública europea está básicamente desinformada acerca de Latinoamérica, aconsejo a cualquiera que guste de conocer la verdad de los hechos que no confíe tan rápidamente en todo lo que lee en los periódicos o ve en la televisión. Que recurra a medios alternativos, por ejemplo, a través de Internet. O que, si no tiene el tiempo o la voluntad necesarios, que por lo menos no se deje engañar por las maquinaciones de Washington. y desconfíe siempre de lo que arroja, como mínimo, una pequeña “duda razonable”.
P.D : Por cierto, creo que las viñetas expuestas durante el post son clara muestra de la imagen del conflicto que ofrecen los medios y que, curiosamente, coincide una vez más con los intereses de los Estados Unidos.
Pueden recurrir, para completar la información que reciben de los medios de comunicación, a los vídeos que, bajo el nombre de “Las mentiras del Gobierno”, están colgados en la sección Videoactualidad, a la derecha de este blog. Se trata de las declaraciones realizadas hace unos días – antes de que se supiera lo del uranio – por los presidentes Chávez y Correa acerca del conflicto con Colombia.
(es posible que para encontrarlos tengan que hacer click varias veces en la flecha para retroceder, ya que fueron colgados hace ya unos cuantos días)















