Pongo un circo y me crecen los enanos… ¿quién no ha pronunciado esa frase cuando el descontento con el curso que ha tomado su vida se apodera irremediablemente de él? Seguramente todo el mundo lo ha hecho, y a menudo. Es uno de esos escasos sentimientos universales que cualquiera puede comprender y que nos ayudan a solidarizarnos y empatizar unos con otros.
Como digo, el común de los mortales ha experimentado la sensación de que en el circo de la vida los enanos comenzaban a crecer, arruinando el negocio. Pero hay un tipo especial de persona, un ser curioso, que se dedica a ello como profesión, como forma de vida. Lo llaman PERIODISTA. Dicen que son personajes peculiares, que sólo sirven para su oficio si la naturaleza les ha otorgado las facultades propicias y, además, les ha agraciado con el don de la vocación.
Creo que he descubierto en qué consiste ese don, eso a lo que llaman vocación. Tal vez incluso yo mismo lo posea, sino no se explica qué narices hago malgastando cinco años de mi vida estudiando Periodismo y Com. Audiovisual en la Universidad Carlos III de Madrid. Intentaré explicarlo, si es que realmente se puede traducir en palabras sin quitarle todo el sentido.
Algunos pocos afortunados – o desafortunados, según se mire – vemos “enanos creciendo” haya donde vamos: hasta lo más nimio nos parece importante, porque son los detalles los que explican el mundo y no los grandes acontecimientos. A veces los mecanismos de los medios en los que trabajamos nos impiden pararnos a analizar esos pequeños detalles que están detrás de las cortinas de humo, y entonces nos frustramos, porque hemos nacido y estamos hechos para buscar los porqués del crecimiento de esos endiablados enanos que son los acontecimientos en el circo del mundo.
¿Demasiado metafórico? Tal vez, pero no por ello incomprensible, pues como explicaba al principio es uno de los pocos sentimientos que sin excepción invaden alguna vez en la vida a todos los habitantes del gran circo. Así que sólo espero que me entiendan, que entiendan un poco mejor a esa oscura gente que son los periodistas, porque en el fondo lo único que intentan es entender los procesos aparentemente inexplicables del día a día, perseguir en lo cotidiano los pequeños detalles que otros tal vez no ven, pero que quieren conocer y buscan cada día cuando acuden al diario, a la radio, la televisión o Internet en busca de noticias.
Como en un buen circo, la vida tiene payasos (a la vez entrañables y estúpidos), animales (que van del fiero león que necesita ser domado, a la fiel mascota de la que no nos podemos separar), prestidigitadores (que tratan de hacernos ver la realidad de una manera distinta, trastocada, a veces para evitarnos disgustos y a veces con alevosa intención), bellas y débiles damiselas (que no siempre son tan inocentes como parecen, pero a menudo sí), malabaristas (que juegan con la voluntad de los demás como si fueran las bolas de su macabro espectáculo, o que son capaces de remover las piezas hasta darlas un contenido nuevo y poderosamente beneficioso y creativo) y un largo etcétera de personajes que van de lo perverso a lo amistoso sin que la distinción sea una clara barrera que podamos percibir a simple vista.
Sin embargo, a menudo los periodistas, cuando llevamos nuestro trabajo a cabo de la mejor manera posible, realizamos grandes esfuerzos por clasificar, por ordenar y por hacer comprensible el espectáculo al no iniciado en los misterios y los avatares del circo.
Por todo esto y mucho más es por lo que yo quiero ser periodista. Porque hay cada día una infinidad de cosas que merecen ser contadas y explicadas, desde un punto de vista crítico y con una elaboración analítica suficiente para que cualquiera pueda tener acceso a los verdaderos mecanismos que rigen la realidad y no sólo a las apariencias de los acontecimientos.
Y por todo esto y mucho más me gustaría – cuando me llegue la oportunidad, si es que me llega – poder trabajar en los medios de comunicación, desarrollando una labor similar, aunque al mismo tiempo radicalmente distinta, a la que desempeño en este blog: escudriñar cada rincón de los hechos para entender cada día un poco mejor por qué narices siguen creciendo los enanos arruinando a una mayoría de la población mundial el negocio de vivir en el circo de la Tierra.
Damas y caballeros, niños y niñas, blogueros y blogueras, acomodénse en sus asientos porque están a punto de asistir a un acontecimiento único: el circo ha llegado a sus pantallas. No cierren los ojos ni para parpadear, pues podrían perderse algo que cambiará el sentido de sus vidas.
¡¡Bienvendidos, y que de comienzo el espectáculo!!









¡Hola!
He llegado a tu sitio a través del enlace de Tinta Digital que a su vez enlazaba a Chica de la Tele… El caso es que he visto un comentario de un compañero tuyo que decía que le gustaban tus artículos de Periodismo en Red y ha despertado mi curiosidad porque, que yo sepa, esa asignatura es intrínseca de nuestra “querida” Carlos III de Madrid. Y aquí me tienes, contándole a un desconocido que le escribo porque compartimos universidad (pero no curso porque yo estoy en Economía y Periodismo y estoy en quinto, aunque debería estar en sexto, si existiese) y me ha parecido importante compartirlo. Ahora que te conozco, seguiré leyéndote.
Un saludo.
¡Bienvenida al circo, Arita!
Me alegro de que mi blog te resulte interesante y hayas decidido continuar leyéndolo. Me acabo de pasar por tu página y me ha sucedido lo mismo: ¡ha acabado en mi lector de RSS! Así que ya tenéis otro lector fiel en la ciudad de los spoilers xD
Detecto cierto regustillo sarcástico en tus comentarios respecto a la uni
Yo todavía no tengo mucho de que quejarme, porque llevo sólo un añito, pero supongo que cuando esté en quinto también escribiré “querida” entre comillas xD
Y en cuanto a lo de hablar con desconocidos, creo que es la única cosa de la que estoy orgulloso de haber desobedecido a mi madre. ¡Hablar es la única manera de que dejen de ser desconocidos!
Así que ya sabes, Arita, si durante el curso algún día te da la vena rebelde y decides contradecir las enseñanzas de tu madre respecto a los extraños, me envías un mail y nos tomamos un cafelito en la cafetería de la Uni.
¡Saludos desde el circo!